Francisco Javier Illán Vivas (Registrado)
Terminé esta novela con esa sensación agradable que produce leer lo que te ha entretenido, lo que te ha evadido, que es lo que buscamos entre las letras de un libro. He contado muchas veces que me gusta adentrarme en mundos que nunca existieron, pero que deberían haber existido. Con los personajes del autor me uno a los que viven en esos universos fascinantes, y románticos, en el que todos los hombres son atractivos y heroicos, y todas las mujeres increíblemente hermosas y deseosas de coquetear con los gladiadores en la arena, como apuntaba Lin Carter. Un mundo lleno de inmensas montañas, en el que las ciudades brillan con un esplendor desconocido, donde las gestas gloriosas son posibles y la aventura forma parte de la vida cotidiana, una vida que puedes jugarte al volver la siguiente página, pero, ¿qué voy a descubrir?, más vale esa vida vivida así que esta sedentaria que ahora tenemos, esperando el caos climático que se anuncia para dentro de apenas doce años, es decir, en el 2020.
El mismo autor nos desvela que su mundo es una epopeya fantástica, pero que tiene bastante de pseudohistórica, un mundo lleno de aventuras errantes y luchas vibrantes, de oscuras profecías y mágicos prodigios, de grandiosas batallas y amargas traiciones, de sueños, pero también de esperanzas rotas. Un mundo, y esto lo añado, donde los dioses existen realmente y no sólo en la imaginación de sus adoradores.
Es un mundo de diversión, pura diversión. No debemos buscar otra cosa en la fantasía. Aquí no vamos a encontrar mensajes para salvar a nuestro mundo del cataclismo hacia el que se acerca. Pero es tan noble que debería haber existido. Y os digo eso por que, esa misma tarde que terminé de leer FIN DE LA PRIMERA PARTE, vi dos documentales seguidos sobre el llamado Día X, la planificada invasión de Japón por los ejércitos de Estados Unidos durante la II Guerra Mundial. Contemplé las imágenes sobre las batallas de Iwo Hima y otras islas, donde murieron miles de hombres, creo que sin nobleza, abrasados con lanzallamas. Y conocí los planes para el desarrollo de armas químicas, que tan alejados están de la nobleza de las batallas que Ástar encabeza para recuperar el trono o para someter al reino vecino. Incluso las malas artes de Lord Shúmgor son nobles ante la decisión de arrojar dos bombas atómicas sobre una población civil indefensa.
El precio del trono es una novela cuya acción podemos perfectamente superponer a los acontecimientos ocurridos en alguno de los tronos de la Europa medieval, cuyo argumento tampoco quiero repetir pues en la contraportada de la novela está extensamente expuesto. Ástar y Aeror son los protagonistas de una rivalidad que existe desde Caín y Abel, con mayor o menor intensidad, hasta nuestros días. Y Séyra está en el centro de las pasiones, como antes que ella estuvieron Helena, Isabeau de Anjou, Le-Tsen y otras tantas mujeres que cambiaron el signo del futuro de un reino.
Francisco Javier Illán Vivas
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