Joseph B. Macgregor (Registrado)
Me ha parecido una novela de género magnífica y muy bien llevada, cuyo interés no
decae en ningún momento. Desde el principio, el autor sabe engancharnos con un planteamiento
bastante atractivo.
De alguna manera, "Heridas permanentes" es un tipo
de novela policíaca "clásica" al viejo estilo de los años setenta, es decir, cuando
los agentes o detectives de la policía tenían importancia, las tramas reflejaban
barrios típicos de la ciudad neoyorquina como Harlem o el Bronx, aparecían
personajes que reflejaban diferentes
grupos étnicos (puertorriqueños, afroamericanos, mexicanos etc.), se describían
ambientes de lumpen, droga, extorsión,
prostitución… y la investigación era
lo fundamental, no tanto la
violencia, la sangre o los "tiros":
la novela de José Javier Abasolo cumple todos
estos requisitos. De igual modo, la trama se ubica en la época actual: aparece la
guerra de Irak, uno de los policías es un agente vasco o los detectives utilizan
también la informática en sus investigaciones (tiran de Google que es un
gusto), con lo cual resulta una mezcla muy curiosa y sugerente.
El único "pero" que le pondría es que el final me parece muy precipitado; en pocas
páginas se resuelven todos los casos y pienso que se hace de un modo que no tiene
nada que ver con el ritmo con el que se ha contado todo lo anterior: mucho más pausado,
pendiente siempre de describir ambientes o reacciones y actitudes de los protagonistas.
Esto no quita que las respuestas que se da a todos los "enigmas" planteados no me
parezca más que correcta. Para nada: todas las soluciones que se aportan me parecen
muy coherentes y me gusta mucho el modo en cómo el autor "riza el rizo" al final,
relacionando historias que, en principio, no parecían tener la menor conexión.
Si
Abasolo hubiera nacido en Norteamérica posiblemente esta novela habría
sido adaptada al cine de inmediato porque posee todos los ingredientes para poder
hacer una
película como mínimo entretenida, madura
y además muy intrigante; un film al estilo Zodiac, sin ir más lejos.
Joseph B Macgregor
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