Anika
Premio Villa de Torrejón 1993
Premio CCEI 1995
Premio Lazarillo de Ilustración 1986
No es de extrañar que haya obtenido estos premios, se los merece. Para empezar los ratoncitos dan una ternura que jamás te la darían ratones de verdad porque tendemos a verlos asquerosos. El relato, junto a las ilustraciones, hacen que les cojas cariño, parece que les mires a través de una mirilla y descubras con ellos el sol, las flores, el invierno…
Es un cuento precioso que aboga por el buen trato hacia los animales, así, solapadamente, sólo con la perspicacia del autor que convierte a tres ratoncitos huérfanos y a su abuelo en seres dulces (y por ende, dignos de vivir en paz)
Altamente recomendable.
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