Joseph B. Macgregor (Registrado)
No me suelen motivar demasiado las novelas de ciencia-ficción cyberpunk pero en
el caso de "Gel Azul" ha sucedido todo lo
contrario, me ha gustado muchísimo... Y me gusta porque está muy bien contada, la
trama se sigue perfectamente, está narrada con gran claridad y en todo momento la
podemos seguir perfectamente. El autor es de esos que saben contar una historia
y esta fluye perfectamente. No es nada densa en ese sentido sino, muy por el contrario,
de agradable digestión.
Considero un acierto la alternancia de capítulos en los que se nos cuenta por un
lado cómo evoluciona la investigación de Crajales y por otro la experiencia virtual
– que tiene también mucho de onírica – de la chica que permanece conectada al tanque
de gel azul. Los momentos reales tienen mucha fuerza, son broncos, ásperos, muy
agresivos, mientras que los protagonizados por la mujer conectada a la red resultan
sumamente estimulantes, muy imaginativos. De alguna forma, ella también está realizando
su propia investigación policial, busca respuestas y porqués.
La odisea de Crajales es novela negra en estado puro. Sigue paso a paso la estructura
de los maestros del género de manera absolutamente magistral.
Está repleta de momentos realmente conmovedores – sobre todo en los últimos capítulos
- y he leído pocas novelas de este género negro que me hayas provocado sentimientos
y emociones tan bonitas y tan motivadoras como ésta.
Con respecto a la otra novela incluida en el libro, "El estruendo del silencio",
sólo tengo que decir que me ha gustado más incluso que "Gel Azul". Los primeros capítulos
me han parecido a-lu-ci-nan-tes: cómo son esos sueños robóticos, lo bien descrito
que están esas sensaciones que el robot-insectoide va experimentado en cada secuencia
onírica y cómo son los paisajes por los viaja… se me ponía la piel de pollo frito
mientras iba leyendo… puffff… pura adrenalina emocional.
Entiendo que es complicado cuando se empieza con esa fuerza seguir manteniendo ese
nivel de intensidad durante mucho tiempo. Por eso, las peripecias del señor Ká son
interrumpidas de pronto por unos capítulos en los cuales se nos describe el comienzo
del proyecto espacial, capítulos que son narrados por el empresario México-japonés
promotor del asunto ( y a quien se considera dueño del mundo). Desde mi punto de
vista, supone un corte algo brusco que rompe un poco con esa especie de nirvana
narrativo en el cual me hallaba inmerso. Sin embargo, la narratividad de "BEF" tiene tanta fuerza que es imposible dejar
de leer, seguir interesado en los que la historia cuenta; el autor nos lleva por
donde le da la gana. Y sobre todo consigue, de nuevo, emocionar, conmover y llegar
a lo más profundo de mi pobre corazón (macgregoriano) que no está últimamente para
soportar ni una sola emoción (bonita) más; no da para más.
De nuevo, recupera poco después
la odisea del
robot que se convierte en un verdadero
autodidacta: conoce lo que es la música, el cine, la poesía… mientras, la inteligencia
artificial de la nave – que es mujer – le echa en cara que no le dedique la atención
que se merece. De alguna forma, el señor Ká y MaReL se han convertido en una encantadora
y entrañable "pareja de hecho" que discuten y pelean pero porque sienten algo el
uno por el otro; una suerte de nuevos
Adán y Eva cibernéticos. En este bloque
se produce un momento sublime en donde comprobamos la alta capacidad poética del
autor mexicano. Me refiero al breve capítulo en el cual la inteligencia artificial
de la
medusa reflexiona sobre quién es y sobre todo lo que sabe: posee
un conocimiento universal de las cosas ya que en ella se encuentra alojada la base
de datos del saber universal. Momento, como ya digo, en el cual me emocioné de pura
belleza estética. Fabuloso.
Por último, sólo señalar que "Bajo un cielo ajeno", el relato
breve con el cual se cierra este libro, demuestra una vez más como la ciencia-ficción
es sin duda el género literario más curioso que existe ya que centrando sus historias
en sociedades futuras nos habla siempre o reflexiona de los problemas más graves
del presente. De igual modo, nos indica que
BEF posee un universo propio y personal
en el cual se mueven sus
personajes y se desarrollan sus historias.
Así, entidades como la empresa HumaCorp o
el jardinero japonés Kenji Tezuka que
aparecían en la novela anterior lo hacen también en este cuento corto.
El cuento funciona también como una suerte de homenaje a sus compatriotas mexicanos,
obligados a emigrar en busca de un futuro mejor; preocupados poco después de reunir
el suficiente dinero para poder regresar con los suyos. Entrañable de principio
a fin.
Joseph B Macgregor
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