Anika (Registrado)
Podría decirse que Garzón se explica si mismo con sus hechos, sus comentarios, sus
inclinaciones, sus vendettas personales… en definitiva, cada uno de sus
actos lo plasman, lo descubren y lo convierten en lo que es: un ídolo con pies de
barro y algo arribista.
También los comentarios de los demás, colegas jueces, políticos, el mismo rey don
Juan Carlos, etc, han dicho alguna que otra vez algo sobre él, y cada uno de estos
comentarios son auténticas sentencias contra Garzón.
La mayoría de las personas conoce –como yo- a Garzón por sus heroicismos, por su
talante, por su atractivo ante las cámaras, por ser alguien a quien admirar porque
en los informativos nos hablan de lo último que se ha atrevido a hacer
y que, normalmente, significa que está acabando con terroristas y dictadores… pero
Garzón no muestra al gran público cómo lo hace, y
José Díaz Herrera sí.
Me resultaba impensable que Garzón se tomara tantísimas libertades en los juzgados
para conseguir que siempre fuera su nombre, y no el del que tenía que ser porque
era quien instruía en ese momento el caso, en todos los asuntos más llamativos que
han terminado con su rostro en periódicos y telediarios. Máxime si tenemos en cuenta
que aquellos que no le producían el efecto deseado en los
medios de comunicación, los abandonara.
De impensable pasé a la sorpresa más grande como lectora y como espectadora.
José Díaz Herrera nos cuenta paso a paso, con entrevistas y
testimonios de los protagonistas,
los casos que más famoso –o no, esos son los que ha ido abandonando- han hecho a
Garzón mediante los medios al ciudadano. Su carisma ha mantenido en segundo lugar
a los verdaderos investigadores e instructores de los casos, pero la forma en que
lo ha hecho ha sido errónea, de ahí que pueda ser juzgado, si no por ley, por el
ciudadano español e incluso chileno (caso Pinochet).
Un libro completísimo con escenas de lo más interesantes donde puedes leer lo que
los otros jueces dijeron de Baltasar Garzón y con la exposición de los hechos que
les llevaron a muchos a decir cosas como “el concepto de justicia no le ha importado
nunca”, o “es un caza-famas” (estas últimas, palabras del Rey
don Juan Carlos)
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