Anika (Registrado)
De la serie TM (Ternura para los monstruos) “Frankenstein” es el mejor, superando
con distancia a “Drácula” y muy cerquita de “Hombre Lobo” (también muy
bueno). La implicación de las –en este caso todo- autoras ha sido increíble, se
han metido de lleno en sus
personajes, han transmitido emociones,
sensaciones, nos han narrado historias con ternura, con horror, nos han invitado
a fantasear, nos han dado nuevas versiones de lo que podría haber sido y hasta han
sabido reflejar los daños colaterales que en la versión de Mary Shelley
quedaron como anécdotas.
Ángeles Caso ha sido un absoluto descubrimiento para mí. No había
leído jamás nada de ella y me he quedado tan sorprendida que creo que voy a buscar
libros suyos porque me ha dejado alucinada. Ella ha tomado la piel, el cuerpo y
la mente de Mary Shelley, se ha metido en su ser y nos ha narrado su vida, su maldición,
su tristeza, su relación entre autora y creación. Maravillosa.
Espido Freire ha hecho justicia a
los daños colaterales, a aquello que queda como simple anécdota en una historia,
en una novela… ha recuperado a una familia, esa que pierde a una bella niña ante
el abrazo mortífero de
Frankenstein. Le ha dado vida, nos ha
mostrado cómo era, cómo vivía, y con qué ojos veía al monstruo y aquello que le
rodeaba. No sé las demás autoras, pero Espido no ha abandonado en ningún momento
su estilo narrativo, es decir, la he reconocido y creo que lo habría hecho con los
ojos cerrados.
El monstruo de Frankenstein se convierte en el protagonista de Paula Izquierdo,
quien le da una oportunidad de contar
su versión de la historia. Lo rescata
a bordo del barco donde muere Víctor Frankenstein, le permite contar su parte de
la historia al monstruo, y nos lo narra a través de una carta que el capitán escribe
a su hermana. Y aquí es donde nuestro monstruo nos narra una historia de amor y
celos.
Lola Beccaria llega más lejos, se arriesga y sorprende por igual.
Si le tengo que poner un pero a la historia es, en realidad, la cultura
que se sobreentiende en el monstruo de Frankenstein, cuando en realidad nunca la
tuvo. Por lo demás es una historia sorprendente porque da
una vuelta de tuerca a los hechos y
permite que el monstruo tenga una vida distinta, precisamente la que debió vivir
Victor.
Y llega Irene Gracia y ¡zas! nos vuelve a sorprender el libro:
Víctor Frankenstein se convierte en el hijo y el monstruo se convierte en Víctor.
Padre e Hijo, Hijo y Padre. Aquí, la inteligencia del monstruo no se ve desproporcionada
–como el caso de la excesiva cultura en el anterior- porque realmente no sólo lo
era (aprendió a leer, escribir, etc…) si no que aprendió observando al médico. Realmente
sorprendente el cauce que toma la historia de padre e hijo como tales, entendiendo
por “hijo” una criatura “creada”.
El relato de Pilar Adón se sale de lo habitual hasta el momento,
y sale magníficamente parado: vemos a una pintora en duelo y a un ser oscuro, nuestro
monstruo, apareciéndosele, queriéndose oir. En cierta forma, esa manera de jugar
entre un hecho y lo casi onírico –incluyendo las reacciones- me recuerda a su relato
publicado en “Todo un placer”.
Y por último Lourdes Ventura nos ofrece la oportunidad de conocer
a una hija del monstruo, a conocer no sólo cómo fue su origen si no también a demostrarnos
que monstruos los hay, como Frankenstein (desfigurados quizá) y como el vecino (impecables
o con buen aspecto). Esta última historia resulta también muy interesante.
En fin, queda claro que este es el libro que más me ha gustado de la serie TM por
la profunda implicación de sus autoras en las historias. A algo tan arriesgado como
este proyecto, como premio, le daría un once en vez de un diez.
Por mi parte, y como mensaje a todas las autoras participantes en este libro, gracias
por haberme hecho disfrutar.
Anika
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