Joseph B. Macgregor (Registrado)
Éste ha sido otro de los libros que he leído durante el mes de Agosto y en este
caso la experiencia ha valido la pena, aunque el libro me haya interesado de manera
intermitente. Digamos que en conjunto me ha gustado pero que no ha llegado a emocionarme
como debiera.
Como aspecto bastante positivo destacaría cómo debajo de la aparente fábula de este
ratón culto, apasionado de los libros y cinéfilo pertinaz (fan impenitente de Fred
Astaire y Ginger Rogers), se esconde una reflexión sobre el sentido de la vida:
¿Por qué y para qué vivimos? ¿Qué sentido tiene la vida si finalmente todos vamos
a morir? Este primer apunte me parece sumamente interesante.
Por lo tanto se trata de una novela de aprendizaje: es decir, las conclusiones finales
de Firmin, el balance final que éste hace de su vida, no surgen de sus muchas lecturas
sino de su propia experiencia vital, de las experiencias que ha vivido y los conflictos
que ha ido superando. Así
el sentido de la vida no está solamente
en la relación del ratón con el
arte -aunque éste sea un elemento muy
importante en la formación de su sensibilidad estética y en el desarrollo de su
conocimiento de las cosas- sino también en
la amistad, el amor, el goce de la vida...
Cuando todo se derrumba -en este caso, el escenario donde se ha desarrollado su
vida- lo único que queda finalmente son estas cosas: la amistad y la sensación de
haber disfrutado de la vida intensamente, con los cinco sentidos. Quizá no ha llegado
a llenarme del todo porque pienso que la novela carece de un conflicto central que
convierta las peripecias de Firmin en algo suficientemente interesante para mí.
Por otro lado, el hecho de que a veces llegue a olvidar que quien narra la historia
es un ratón no llego a saber si es algo positivo o negativo: a veces pienso que
es un defecto porque quizá resta una cierta credibilidad al
personaje en cuestión pero por otro
lado creo que también puede ser entendido por otros lectores como una cualidad que
convierte al personaje en un ser entrañable y encantador.
Joseph B Macgregor
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