
Amos Klausner, nacido en 1939 en un Jerusalén aún bajo mandato británico, es un escritor judío acreedor de numerosos premios. Cambió posteriormente su apellido por Oz, que en hebreo significa fortaleza. Residente durante muchos años en un kibbutz desde su temprana juventud, al que se trasladó de la casa familiar, durante las últimas décadas vive en Arad, avanzadilla del desierto del Neguev. Sus opiniones políticas están más cerca de la izquierda que de la derecha israelí, aunque no se considera un radical en ningún sentido.
La acción, contada en primera persona por el protagonista, apenas ocupa unos días, con retornos a momentos pasados, por los que nos da a conocer la trayectoria vital del protagonista, Efraím (Fima). Éste es un personaje penoso, un anti-héroe, un cincuentón desaliñado, desordenado, inútil, que sigue con los mismos patrones de comportamiento de sus veinte años, con el consiguiente desfase y la continua fuente de problemas con los demás y consigo mismo. Tras destacar como poeta en la universidad y en distintos ambientes intelectuales, finalmente echa a perder su vida por dejadez, y acaba trabajando -para subsistir- en una consulta ginecológica, de secretario. El hecho de que sea precisamente una consulta ginecológica y no una papelería o un despacho de abogados, no es baladí. Su relación con las mujeres es desastrosa. Es un quiero y no puedo: con su ex mujer, con su amante, con cualquier mujer con la que entabla relación. Sin embargo, todos le quieren, le soportan y tratan pacientemente de ayudarle. El personaje del padre es el que sirve de hilo conductor de la novela. Su trayectoria es la que sigue Fima hasta su final, así como el del hijo que no tuvo pero que tiene su ex mujer y al que trata como si fuera suyo.
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