Anika (Registrado)
No sé si los argumentos de los relatos que indica la contraportada son los más importantes para el autor o el editor, o se han elegido al azar, pero lo cierto es que cada lector encontrará aquí sus favoritos. Pueden gustarte todos o unos más que otros, pero tienen mucho en común a pesar de ser bastante dispares. Esto se debe a que Joe Hill ha demostrado ser un maestro en algo muy particular: el terror está en la persona, en su interior, en su comportramiento, su alma, lo que vive y cómo lo vive. Si en “El traje del muerto” teníamos a un fantasma malvado y terrorífico como protagonista con fines vengativos, en “Fantasmas” son los seres humanos quienes dan miedo o perciben el terror de diferentes maneras. Curiosamente fantasmas es lo que menos hay, y quizás este título se deba más a que los fantasmas son nuestro pasado (de ahí el subtítulo “El pasado no está muerto. Ni siquiera es pasado…”) Abundan sobre todo relatos sobre cómo se vive el terror, pero también los hay ciertamente originales aunque con finales que quizá nos sorprendan. Sospecho que Joe Hill hace estos finales (con los que te quedas literalmente a cuadros) precisamente para le demos importancia al relato y a lo que suponen los hechos que cuenta, no a cómo terminan. Al principio esta forma de contar las cosas y dejarlas degolladas al final te deja algo descolocado, pero luego te acostumbras y sabes que la siguiente historia acabará igual, por lo tanto vuelves a fijarte en el contenido de su relato, y es justamente ahí donde percibes el horror. El horror por un crimen, el horror por dos extrañas desapariciones (“Reclusión voluntaria”, mi favorito), el horror por el secuestro de un pederasta psicótico (“El teléfono negro”)..., y también algún que otro sentimiento de horror que no viene del terror en si, si no de hechos absurdos que mueven los hilos de tu vida (como el relato de “La máscara de papá”, donde una madre reinventa la vida según le conviene haciendo desaparecer de un plumazo incluso lo más esencial en la vida de su hijo: al padre), o de fantasía (“La capa”, donde un hombre utiliza una capa voladora que sólo funciona con él para vengarse de dos personas) donde, a pesar de todo, se centra en la maldad humana, o simplemente en los seres humanos (“El desayuno de la viuda” –donde se cuenta la relación entre un vagabundo y una viuda que le da de comer-, “Bobby Conroy regresa de entre los muertos” –donde presenciamos un encuentro de dos viejos amigos, chico y chica, disfrazados de zombies, que perdieron su oportunidad de ser algo más). Joe Hill, no obstante, no sólo cuenta historias de terror, y de eso nos daremos cuenta enseguida. Le gusta reivindicar, tiene cierto aroma a Stephen King en ocasiones, y sobre todo nos habla de personas, pasados y relaciones. Es, en su mayoría, verdadero horror humano. Como en todo libro de relatos recopilados, algunos se te olvidarán, pero otros se quedarán en tu subconsciente.
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