Anika (Registrado)
La mayoría de los niños juegan con cualquier cosa, con una caja, un par de palos, mantas o sábanas, quizás toallas y un par de sillas o un tendedero son capaces de crearse un castillo (o como mis hijas, un palacio o un club), y en "El rey Hugo y el dragón" esto se aprecia perfectamente: Hugo y sus amigos crean su propio castillo porque van a jugar a vencer al dragón. Es por ello que los críos se sentirán rápidamente identificados con los personajes, no importa si son niños o niñas, aunque en este caso los chiquitines sean tres niños (Hugo, Iván y Marcos). El estilo de la ilustradora Helen Oxenbury recuerda mucho a un gran clásico, Maurice Sendak, creador de "Donde viven los monstruos". Con influencias o no, sus ilustraciones tienen semejanzas, pero quizás no peca tanto con el exceso de líneas de dibujo, lo que las hace más agradables. Eso sí, también en sus "fieras", allí donde Bentley no da detalles, Oxenbury ve monstruos muy parecidos a los de Sendak. Y el cuento narra una historia muy sencilla y al mismo tiempo llena de fantasía, con un añadido que le da valor: Hugo, al final, pasará un poquito de miedo, pero sabrá cómo superarlo o, al menos, envalentonarse y relajarse, quedando así satisfecho con su experiencia. Un cuento sencillo, con aventuras, niños pequeños, fantasía, juegos, dragones y sorpresas. Anika Lillo
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