Ariodante (Registrado)
Es éste un ensayo muy interesante, que trata de bucear en un tema que muchas veces
se soslaya: cómo reaccionamos las personas ante las imágenes, artísticas
o no. Y precisamente en un mundo dominado por la imagen visual, el tema cuando menos,
requeriría que reflexionásemos un rato sobre ello. Porque realmente las imágenes
tienen un poder muy alto sobre nosotros. Estamos dominados por ellas, si nos paramos
a pensar: cruzamos el semáforo porque una figurita verde nos señala un hombre andando,
mucha gente organiza excursiones y romerías para ver a determinada imagen de la
Virgen, durante siglos se ha recorrido y se sigue recorriendo el Camino de Santiago...
para poner la mano sobre la imagen del Santo, o, por otra parte, nos excitamos sexualmente
ante determinadas pinturas o fotografías. O nos enfadamos, nos agobiamos, si lo
que vemos es una imagen de un asesinato o torturas.
Lo que el autor nos quiere aclarar es que, aunque el público civilizado y educado
en la visión de obras de arte, por ejemplo, no explicite estas reacciones y las
racionalice, la siente igualmente, pero las reprime. Y analizando a través de la
historia, el hecho de que se haya perseguido la publicación de imágenes por parte
de instituciones religiosas o políticas, implica que las
imágenes censuradas podrían provocar
en el público reacciones indebidas o indeseadas. Por otra parte, durante muchos
siglos en los que el analfabetismo era masivo, las imágenes constituían un lenguaje,
un lenguaje en el que se quería no sólo informar sino formar, aleccionar, generar
en el que miraba conductas determinadas.
El autor, pues, analiza exhaustivamente diferentes culturas, tanto orientales como
occidentales, y sus comportamientos ante los iconos. Analiza incluso las
grandes religiones monoteístas, que
han pasado por fases iconoclastas, pero siempre la tendencia natural en el ser humano
es plasmar plásticamente aquello que imagina, aquello en lo que cree: cómo se han
ido viendo los dioses a través de la historia, y qué reacciones han generado desde
los meteoritos negros (baitulia) de la
antigua Grecia, hasta las fotografías
modernas, pasando por los iconos medievales que mostraban la vida de Cristo a los
fieles.
Encontramos múltiples citas de autores clásicos, como
Platón o
Aristóteles, o
Nicolás de Cusa, cuando puso
como metáfora de Dios el ojo que todo lo ve. O a Diodoro de Sicilia cuando
nos habla del
mito de Dédalo, y que la gente creía que sus estatuas eran como seres
vivos, que podían ver y caminar. Según Diodoro, sería el arte el que infundiría
vida a las estatuas.
También cita a N. Hawthorne, al decir que nosotros tendemos
a responder de la misma manera que aquellos a los que no se les ha enseñado respuesta
alguna frente a las imágenes,
tesis que mantiene el autor del libro,
así como también mantiene que realmente no existe ningún pueblo que no busque la
manera de plasmar en imágenes lo invisible, para encarnarlo y hacerlo semejante
a nosotros, y de ese modo sentir su mensaje, emocionarnos o sentir miedo, o rabia.
El autor estudia a lo largo de casi quinientas páginas todas estas relaciones, así
como la cuestión de la consagración de las imágenes religiosas y si su valor les
viene de ella o es previo, las
peregrinaciones originadas por iconos,
estatuas religiosas, reliquias, etc.; el por qué de las imágenes votivas, su función
y sus variantes históricas y geográficas; el tema de la
brujería, el vudú, la magia; las imágenes
lascivas y que despiertan el deseo erótico; la idolatría, la censura de imágenes,
el problema de la representación, el tema de la imagen seriada, etc. etc.
Recurre al apoyo de autores mundialmente conocidos como Gombrich, Gadamer, W. Benjamin,
N. Goodman, en fin, nos hace un verdadero recorrido rastreando pistas que nos lleven
a probar las ideas en las que cree y desarrolla su teoría. Y esta andadura por la
obra va acompañada de múltiples ilustraciones con pinturas, grabados, fotografías,
que nos ayudan a comprender lo que se nos trata de explicar.
Un ensayo que está más enfocado hacia la antropología que hacia el arte, puesto
que las imágenes, como hemos dicho, todas las imágenes, sean artísticas, decorativas
o utilitarias, tienen siempre un efecto en el observador, funcionan como un signo
cuya significación es captada y a la vez genera una reacción.
Muy recomendable como libro de consulta e incluso como ayuda a la investigación,
por el importante aporte de datos que supone.
ARIODANTE, junio 2009
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