Antonia J. Corrales (Registrado)
Si antes de leer el libro tomamos como referencia
la extensa trayectoria profesional de la autora,
Clara Tahoces, y el
tema central de la obra: los trasplantes, y a esto le unimos algunas de las intervenciones
que Clara ha hecho en medios de comunicación, podemos pensar que, “El Otro”, es una obra técnica
o emparentada de cerca con el ensayo. Pero, nada más lejos de la realidad. “El Otro” es una novela de ficción con
una base real. Un thriller de suspense en el sentido más
amplio de la palabra. Literal en cuanto a trama, estructura y rapidez en la consecución
de los hechos.
Sin embargo, no es el thriller al que solemos estar acostumbrados. Ése
en el que los hechos, las circunstancias, los datos, en la mayoría de los casos,
no suelen estar contrastados lo suficiente, o el autor se ha tomado demasiadas licencias
desvirtuando la parte de realidad que le da a una obra credibilidad y con ello cierto
sostén argumental, que suele ser imprescindible. Porque, estarán conmigo, en que
en una obra, aunque ésta sea de ficción, la base argumental de la misma debe tener
solidez, coherencia y, como mínimo, un toque de verosimilitud. Se escriba de lo
que se escriba así debe ser porque en ello reside el arte de la escritura: no solo
en lo que se cuenta, también en cómo se cuenta. Y, sobre todo y ante todo, debe
llevar implícito el respeto a la inteligencia del lector. Puntos estos que, “El Otro”, cumple de principio
a fin.
Desde los comienzos de la historia se percibe el largo trabajo de investigación
que ha desarrollado la autora en cuanto al funcionamiento de la ciencia médica de
trasplantes, de todo tipo de trasplantes. La manera en que introduce dichos datos
y la forma en que se desarrollan estas intervenciones: pruebas médicas, aceptación
de donantes y receptores, contraindicaciones emocionales, físicas… nos hace conocedores,
a través de sus
personajes, de una manera sencilla y
nada tediosa, de este mundo que a muchos les causa cierto recelo y que en esta obra
está tratado de una forma tan delicada como sutil y respetuosa.
Sin embargo, “El Otro”, no solo es una obra
en la que la trama gira alrededor de los trasplantes, “El Otro” tiene una serie de satélites
documentales y técnicos que se mueven alrededor de los acontecimientos y los personajes,
como son la grafología —ciencia ésta en la que Tahoces está diplomada—,
la psiquiatría y la parapsicología. Todo ello unido con la maestría
que debe caracterizar al género de intriga y aderezado con algún toque de la mágica
y misteriosa Civilización Egipcia, punto éste, el de las deidades, que dicho sea
de paso, a mi entender, debía haber sido un poco más extenso.
En los comienzos de la obra, apreciamos una literatura más rica en cuanto a recursos
lingüísticos, más pausada, que en los capítulos que la preceden. La acción comienza
con una exposición del personaje central, Noel, paulatina pero constante que, a
veces, puede parecer un tanto cadente: como los comienzos de una danza, que sin
ser rápidos tienen ese ritmo peculiar que nos va introduciendo poco a poco en la
pieza representada. Un ritmo narrativo, de exposición emocional y social del personaje,
necesario para la posterior ubicación del mismo en su hábitat y en lo que está por
acontecer. Así se desarrolla durante unos pocos folios, los necesarios para que
Noel no quede cojo dentro del gran entramado que le espera al lector. Entramado
de acontecimientos que hará que la lectura se convierta en casi adictiva.
Durante una gran parte de la novela el narrador es omnisciente y el personaje central
de la historia es Noel. Sin embargo, aproximadamente a mitad de la narración, la
tercera persona deja paso a la primera y entra en juego Leo, una mujer que marcará
muchos de los hechos que están por venir. Sorprende este aspecto pero, al tiempo,
se convierte, a medida que se avanza en la historia, en una línea narrativa airosa
que hace que la lectura sea, cuando menos, renovadora por el cambio de estilo y
ambientación que le da al personaje de Leo, convirtiéndolo en secundario por merecimientos
propios de la autora
Los diálogos no son ni cortos ni largos, de una
cadencia perfecta. Construidos, todos ellos en base a las características propias
de cada personaje, algo que hace aún más embebida la lectura.
Todos y cada uno de los
personajes: la psicóloga, el mendigo,
la echadora de cartas, el detective…, así como los asesinatos, los puzzles de pistas…,
están trazados con minuciosidad, tanto en sus aspectos físicos, como psicológicos,
sociales y culturales.
En resumen —algo muy difícil de hacer dado el entramado tan complejo de la obra—,
“El
Otro”, es una novela de ficción que estremece en su
totalidad, guardando un respeto profundo por la técnica médica del trasplante, pero
abriéndonos esas puertas que muchos, por miedo, por vergüenza o por condicionantes
sociales, no se atreven ni a entornar.
Una lectura muy recomendable y muy adictiva en la que,
Clara Tahoces, se consagra
como novelista de suspense, dejando de lado sus anteriores obras que abarcan un
público más “exclusivista” pero que en esta obra también tienen cabida, ya que en
sus páginas encontrarán ese halo de parasicología y magia, con un extenso toque
de estremecedora verosimilitud. Una obra que, sin duda, merece ser llevada al celuloide.
Antonia J. Corrales
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Anika (Registrado)
Tras ganar el premio Minotauro en el 2007 con “Gothika”, Clara Tahoces se puso a trabajar en “El otro”, una historia de terror con un ambiente contemporáneo pero que suelen etiquetar de ciencia ficción debido a que la Ciencia aún no ha sabido explicar todo lo concerniente a la memoria celular. Y es que en “El otro” el órgano trasplantado retiene esa memoria celular que hará que su receptor tenga unos síntomas que quedan fuera no sólo del control si no también de la gran estadística. O no... Clara Tahoces se basa en historias o experiencias reales, sin relatar detalles de una única persona, si no tomando diversas vivencias y confeccionando una historia muy concreta. Le ha dado un ambiente de terror para proporcionarle a la obra más intriga y tensión: un asesino es, en este caso, el donante, pero no uno cualquiera, si no uno que ha hecho un ritual para vivir eternamente, y sus órganos, ya introducidos en cuerpos ajenos, comienzan a despertar en los receptores imágenes, pensamientos y sensaciones que le son ajenas. La historia ya se trató en cine hace muchos años pero Clara Tahoces da otra versión, igualmente llamativa, y que del mismo modo resulta aterradora. Su personaje habla de la necesidad de ese trasplante por encima de cualquier cosa –sufriendo incluso un problema psicosomático que será el que le proporcione el trasplante-, y aunque lo lógico sería pensar que hablara del rechazo, no ocurre así en principio. Noel Villalta no rechaza su mano, al menos no hasta que sus investigaciones llegan demasiado lejos. En la persona de Leo, la psicóloga que le ayudará, veo muchos detalles de la propia Clara, por ejemplo su especialidad de grafóloga. Con esta excusa inserta en la novela momentos muy interesantes donde desgrana la personalidad de los personajes de forma incluso visual o ilustrativa, o el guiño –sin duda- a Nacho Ares en la persona del egiptólogo Ignacio Mares. Esta parte me ha resultado graciosa porque me daba la impresión de que les veía de forma paralela a ellos en plena faena de investigación. La historia tiene ritmo, no se detiene innecesariamente, y se lee con amabilidad. Pero reconozco que la parte que más ha llamado mi atención es justo esa en la que otro de los personajes le cuenta a Leo los casos reales ocurridos en estos años de trasplantes donde los receptores han vivido situaciones parecidas (sin crímenes por medio). Anika Lillo
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