Santi37
Da igual que don Benito se empeñe en hacernos creer que el buen Máximo Manso y toda su parentela no existen; no cuela.
En cuanto pone en marcha la acción, es tal la impresión de verosimilitud, la cercanía que imprime a sus personajes con sus diálogos, castizos, humorísticos, vivísimos todos, que nos creemos todo de pe a pa.
En esta ocasión, los temas que toca el señor Galdós son, a saber: la educación de los jóvenes, el ascenso social por la vía económica, la política nacional, las ideas sublimes y las apariencias, y, el más interesante, cómo las filosofías, con ser tan necesarias en nuestras vidas, se van a la porra cuando se pone por medio el sentimiento amoroso.
Por supuesto, todos estos temas, y más, son hilvanados con una mano maestra que no permite que la acción baje de tono (si a alguien le cuadra el adjetivo "ameno" es a don Benito) y que logra que todos y cada uno de los actores de esta novela te caigan bien, te interese lo que cuentan, a pesar de que haya algunos que son de patada en la espinilla. Qué perversa es Doña Cándida, una profesional del sablazo. Pero qué real.
En resumen; que yo estoy enamorado hasta las trancas de don Benito y su universo, que no hay mejor introductor para conocer el mundo en que vivió, el Madrid de finales del siglo XIX, y que yo recomendaría a todo el mundo leer sus novelas. No salen elfos, ni trasgos, ni los personajes buscan anillos, ni puñetera falta que hace.
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