Fernando Hugo Rodrigo
Si hay algo puede atraer la curiosidad del lector es la preocupación minuciosa, casi obsesiva, de James porque entendamos a sus personajes. Aún no se había originado el monólogo interior (que llegaría más tarde en literatura, y hay autores que apuntan que James fue indispensable para este paso), el escritor estadounidense requiere de su talento para buscar la expresión más exacta de los sentimientos y reflexiones individuales, por lo que no duda en matizar cada reacción, cada pensamiento, cada sensación (incluso haciéndose notar como narrador omnisciente).
Aunque cuida a todos sus seres, y un buen ejemplo son los personajes de Valentín o Monsieur Nioche, obviamente es el protagonista a quien más tiempo dedica. Parece que su intención iba en dirección a tratar de definir un arquetipo del americano de la época (o lo que James estimaba que un americano era). Pero este "arquetipo" no responde a la definición común, ya que contempla tantos claroscuros, detalles y matices, que Newman cobra mucha más vida. La peripecia de un hombre, digamos, "inocente", enfrentado a un engaño, además por parte de europeos cuyos orígenes antiquísimos parecieran justificar sus dobleces, no es nuevo en James.
Puede que fuera resultado de su atracción por Europa, una atracción que bien pudiera haber ocultado un miedo, ese miedo a un pasado tan remoto que también inspiraría terrores, es un ejemplo, a otro autor americano, H. P. Lovercraft. Sin embargo, el hecho de que temas personales o "de autor" estén aquí, no implica que la narración sea previsible.
Como decíamos, el cuidado de los personajes es tan detallado que ocasiona que la novela no abunde en los hechos en sí, pero éstos están sabiamente estructurados: realmente seguimos con interés la evolución de Newman y su fortuna con respecto a su casamiento con Madame de Cintré. Por otro lado, como lectores, estamos más cerca de él, y su incomprensión por modos y maneras que, si ya eran anticuadas y violentas por entonces (al menos para un americano), ahora lo son mucho más. El autor posee buen tino para sonsacar las contradicciones y miserias de esa casta de aristócratas que se saben al borde de la extinción, y esto supera la posible coyuntura (de las posibles obsesiones de James) y nos acerca a vivir con Newman la misma sorpresa o indignación de lo que se va topando al tratar con dicha familia.
Un último apunte: el paso final de Newman es, sin duda, un ejemplo de cómo afrontar y sobrellevar ciertos sinsabores de la vida, sin que lleguen a envenenarnos.
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