Joseph B. Macgregor (Registrado)
En cuanto al futuro de las editoriales, bibliotecas o librerías,
en opinión de
Rodríguez a sus responsables no les queda más remedio que reciclarse,
adaptarse a los nuevos tiempos o perecer en el intento. En ese sentido, el autor
nos aporta una varia gama de ejemplos modélicos. Nos explica el funcionamiento de
bibliotecas tan importantes en la red como la biblioteca digital alemana Zeno.org;
Google Book Search Wikipedia y Wiki Scanner, la Open Library o Archive.org; entre
las editoriales cita a Random House, o Simon and Schuster Harper Collins, O’Reilly
o incluso al servicio de publicaciones de la Universidad Politécnica de Catalunya
(p. 135-6); y en cuanto a librerías CreateSpace, Tractatus Logicus-Digitalicus o
Amazon; todas ellas claro ejemplo de cómo se puede ofrecer excelentes
prestaciones y servicios utilizando el soporte digital.
Sin embargo se produce la curiosa paradoja de que precisamente gracias Internet
y a la página Uniliber / Iberlibro, las librerías de viejo han tomado un nuevo auge
y nunca se han vendido libros de segunda mano tanto como ahora.
De igual modo, el editor, según
Rodríguez, debe hacer las veces de coordinador
de todo este presunto caos literario-digital, ejerciendo el papel de mediador entre
los lectores y los libros a los cuales ellos quieren acceder. Esto exige el que
los editores cambien su manera de enfocar su propio negocio, más acorde con los
nuevos lectores y el nuevo mercado.
Independientemente de si los libros en papel y tinta tienen o no los días contados
lo cierto es que cada vez se lee menos.
Rodríguez reflexiona también en muchos
artículos sobre las razones de los bajos índices de lectura e insiste en muchas
ocasiones en la necesidad de no perder el hábito lector ya que la está demostrado
que leer desarrolla capacidades cognitivas esenciales como son la capacidad de abstracción,
de razonamiento o simplemente para opinar sobre si un texto nos gusta o no.
Pero como bien afirma también en uno de sus artículos: “La cuestión no es demonizar
o no los soportes y medios digitales, cosa que no me propongo, sino reflexionar
sobre los peligros que las capacidades y competencias asociados a la lectura corren
(…) en un entorno que no las necesita ni las cultiva”. Es decir se trata
de encontrar un término medio en el cual lectura y tecnología se complementen y
se apoyen pero que nunca una termine fagotizando o devorando a la otra ya que como
bien dice
Rodríguez un futuro sin libros en papel y tinta le resulta imposible
de imaginar. Así sea.
Joseph B Macgregor
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