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Ficha realizada por Joseph B. Macgregor

DIARIOS 1984-1989
(Napló 1984-1989, 2008)
Sandor Marai

Editorial Salamandra
Colección Narrativa

Traducción del húngaro: Eva Cserhati y A. M. Fuentes Gaviño
1ª edición: noviembre de 2008

© Heirs of Sándor Marai, Csaba Gaal (Toronto)
© Ediciones Salamandra, 2008
Género: Diarios / Autobiografía

ISBN: 9788498381931
219 Páginas

Argumento

Los últimos diarios del escritor húngaro Sándor Márai escritos desde su exilio en San Diego.

En los primeros años, Sándor escribe principalmente comentarios sobre libros que lee (históricos, filosóficos, clásicos griegos, novela y poesía húngara…) o autores a los que admira (Schopenhauer, Gibbon, Cervantes, Voltaire, Dostoievski, etc.); reflexiones sobre cuestiones políticas, literarias, filosóficas que le inquietan o evocaciones bastante dolorosas sobre la represión que experimentó en sus propias carnes – tanto del lado comunista como del nazi - durante su estancia en Hungría.

El escritor tiene más de ochenta años y se encuentra muy solo. Todos sus seres queridos, amigos, conocidos o autores coetáneos de Budapest no existen ya y el único que le quedaba vivo - Gábor, su hermano menor - fallece en febrero de 1985. Sólo encuentra refugio en sus lecturas y en intentar escribir una novela policiaca que abandona y vuelve a retomar una y otra vez. Por si esto fuera poco, Lola, su esposa, padece una grave enfermedad que la deja prácticamente ciega y que derivará poco a poco en un cáncer mortal e incurable. Ante la inminencia de una muerte que presiente inevitable, Sándor deja de escribir, de leer… no puede soportar la idea de quedarse solo, de que ella no siga formando parte de su vida. Y es que están unidos hasta tal punto de que tal cosa sucediera para él sería como si se quedara manco, como si se perdiera el único motor que le impulsa a crear, escribir, reflexionar… por eso todas estas actividades – que antaño le motivaban y le ayudaban a hacer su existencia más soportable – dejan al instante de tener sentido para él.

Cuando Lola Matzner muere finalmente, Sándor no tiene ganas de vivir. Experimenta un desprecio tan profundo por la vida que incluso llega a comprar una pistola por si acaso algún día llegará a necesitarla en caso de que el dolor que siente en esos momentos llegará a convertirse para él en algo absolutamente insoportable.

Los últimos años reflejan, por tanto, el duelo interno del escritor – que se siente cada vez más vacío, más solo, dolorido y enfermo - por mantenerse con vida cuando para él ya nada tiene ningún sentido ni encuentra el menor aliciente que le impulse a seguir adelante.

Finalmente - y no descubro nada con esto ya que se puede consultar en cualquier biografía de Sándor Márai – el escritor, días después de escribir la última anotación de estos diarios (15 de enero de 1989) acabaría suicidándose.

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Comentarios

Joseph B. Macgregor (Registrado)

Cuando uno termina este libro la verdad es que se queda con ganas de hacer un viaje en el tiempo hacia atrás para visitar a Sándor Márai horas antes de su suicidio para tratar de convencerle de lo contrario, tarea inútil supongo pero…, un breve retorno al pasado para hacerle ver que por muy mal que uno esté, por muy solo que se encuentre… hay que vivir. Me gusta tanto vivir que cuando leo un texto como éste algo me subleva por dentro… No, Sándor, no… Hay que vivir…Ya se encargará la propia vida de hacernos la faena por sí misma… la de dejar de existir, que es la mayor p… que se le puede a hacer a un ser humano.

La muerte es algo muy chungo y entiendo que haya personas que ante una situación extrema como la que vivió Ramón Sampedro pidan la eutanasia. Lo entiendo perfectamente. Creo que efectivamente uno es libre de hacer con su vida lo que quiera… pero hablo de lo penoso que (me) resulta que para algunas personas la única solución para escapar del dolor sea la muerte.

Me descoloca mucho el hecho de que para Márai no sirva de nada ni la cultura, ni los libros, ni la filosofía, no tiene ganas de escribir… se siente vacío. Muchas de las cosas que para el escritor húngaro eran piezas fundamentales del motor que hacía funcionar su vida son las mismas que impulsan la mía. Pensar que algún día puedo llegar a perderlas porque el dolor que sienta sea tan grande que ya nada valga la pena, ni me sirva de consuelo… me produce una inquietante desazón.

A lo largo de mi vida he sufrido momentos en los que he estado realmente solo, por mucho que algunos quieran decir que estuvieron conmigo no fue así, básicamente porque cuando tal cosa sucedió no lo supo absolutamente nadie, porque el hundimiento fue tan atroz que no me salía la voz, la apatía vital de tal gravedad que no me motivaba a comunicarme con nadie… Caso distinto, los momentos de tristeza y desánimo que todos sentimos alguna vez. En estos, sí es cierto que no me he encontrado tan solo y he recibido muchas cosas de la gente que quiero… pero en los AÑOS DE LA GRAN DEPRESIÓN MACGREGORIANA, como yo la llamo a la ausencia de todo y de todos fue brutal porque yo me la impuse así. Y sólo a fuerza de coraje, tesón y valentía conseguí recuperar mi autoestima, cambiar y ser alguien diferente… y saltar del agujero, salir al exterior y ver la luz del sol. La gente del mundo real fue más consciente de este hecho porque lo vivió en primera persona, fueron testigos de primera mano de la transformación. De nuevo, una vez que inicié el camino también hubieron gentes claves que me ayudaron a salir a flote, pero sin voluntad y sin ganas me habría quedado igual o peor…

…Y sin embargo, ni siquiera en los momentos más bajos sentí la tentación de acabar con mi vida, aunque el dolor se me hacía tan insoportable… pero no quería perderme lo que pasaría el día después, que mañana ocurriera algo realmente importante y me lo perdiera.

Creo que Sándor se equivocó, aunque también es cierto que era un escritor tan jodidamente bueno que uno comprende y entiende perfectamente el proceso que le llevó a pegarse un tiro. Realmente se sentía un muerto en vida.

Se tratan por tanto de unos diarios que uno lee como una novela, con un fondo íntimo profundo y terrible… el proceso de "degradación" es terrible, real pero espeluznante. Se queda uno hecho polvo… aunque en realidad me trasmitieron una sensación extraña, casi paradójica. Por un lado, aunque sabía el final de la historia perfectamente, rezaba porque el autor optara por seguir con vida, por no matarse. Por otro, aunque todo lo que sucede es terrible, leía el libro con una enorme satisfacción y emoción por que estaba leyendo algo muy hermoso también.

Márai hace una poética del dolor realmente magistral... pero es un libro realmente deprimente.

Joseph B Macgregor
 

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