Anika (Registrado)
Después de haber leído su primer libro, “La silla”, y haberme hecho fan absoluta de esa obra macabra, me costaba mucho
adentrarme en este nuevo registro de
David Jasso. Lo macabro da paso a un relato
más ligero, poco a poco éste da pie a la intriga, y finalmente se zambulle en la
tensión más absoluta. Así podría definirse a lo largo del libro las etapas por las
que pasa “Día de perros”.
Como las comparaciones son odiosas, sobre todo cuando el autor pretendía hacer “otra
cosa”, no puedo sino evitar recordar “La silla” y ver “Día de perros” como una obra
sin autor, de modo que los pros y los contras de la historia vienen solos y son
propios de esta novela. Y por eso lo primero que pensé mientras la leía era que
el autor no daba sólo pistas, si no que prácticamente nos contaba quién fallecería
en esta persecución, y que hacía mal diciéndonoslo tan pronto aunque no nombrara
a la persona que terminara muriendo en esta loca y terrible aventura que se les
va a todos de la mano.
Tampoco me pareció apropiado que Jorge, el marido de Cristina (dueña del perrito),
tuviera un rol tan flojo, tanto que las páginas dedicadas a él eran repetitivas,
no contaban nada nuevo y, quizás, eran justo lo que sobraba en el libro. Ya nos
habíamos enterado de que adoraba a su Cristina a pesar de todo y no necesitábamos
que nos lo recordara constantemente. Mi impresión es que el relato perdía fuerza
cada vez que Jorge salía a relucir.
Cristina, en cambio, es el personaje perfecto. Es la estrella de este libro en muchos
sentidos: con ella sentimos, vivimos, sufrimos y cambiamos. Cristina tiene el poder
de llevarse el premio al mejor personaje porque con ella podemos hasta sangrar.
Ahí reconocí a
Jasso sin lugar a dudas, en Cristina sí se escondía el autor de “La silla”.
Los adolescentes fueron otra historia. Para empezar había que ponerse en su piel,
y cuesta cuando no tienes su edad o jóvenes en los que reflejarlos a menos que los
reconozcas inmediatamente en sus actos y su forma de hablar, de vivir, de ser… máxime
si te están contando del lugar de donde proviene; sin embargo el autor se había
empeñado en hacernos creer en un joven narrador quinceañero muy muy sensible, y
la mayor de las veces poco creíble, claro que… este tipo de chicos puede existir
hasta en los barrios más pobres así que… pero no, insistes, no puede ser, no me
lo creo… Así que decides darle una oportunidad ¡y bingo!
David Jasso, ese autor
retorcido y macabro a lo
Somoza, nos da una bofetada en toda la cara. Así que aviso
al lector: quien leyendo “Día de perros” tenga estas dudas,
que no abandone el libro, que siga leyendo hasta el final, porque entonces “entenderá”.
Han definido a
David Jasso entre los hermanos Coen y Alfred Hitchcock, e incluso
Stephen King, pero yo añadiría –aunque le pese- que tiene lo mejor de Koontz: sabe
relatar una persecución sin dejar respiro.
Este no es un libro para dejar a mitad, y cualquier lector de “La silla” encontrará
a un viejo conocido en cierto accidente de coche en cuyo parte leeremos su nombre.
Anika Lillo
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