Anika (Registrado)
La crítica dice:
«Desde ahora te acompañaré a casa (Lengua de Trapo) es el tercer libro de relatos que se traduce del noruego Kjell Asldldsen, todos ellos fascinantes por su laconismo, su tremenda capacidad de ugerencia, su extraña manera de iluminar los enigmas de los personajes y pulsar sus oscuras intenciones. Quizá, hoy por hoy, el más deslumbrante maestro del cuento europeo». (Robert Saladrigas, La Vanguardia)
«Desde ahora te acompañaré a casa Un regalo para conocer sus orígenes. Fue el primero en 1953. Kjell Askildsen se sabe un hombre de pocas palabras. O mejor: de precisas palabras. Un buscador de sus secretos que ha descubierto que ellas no necesitan adornos para mostrar lo que se quiere expresar. Como sus libros. […] Su mundo ya está creado, y es como adentrarse en los cuadros de Edward Hopper. El lector completa la historia de silencios, soledades, esperas, desasosiegos, frustraciones, dudas, desencantos y siente el aire de la desgracia recién huida o a punto de abatirse como una tormenta que adelanta vientos olorosos a barro. Y bajo esos cielos, seres incapaces de expresar lo que sienten, ansiosos por buscar la felicidad y que sobreviven con sentimientos naufragados. Y en mitad de ese descampado, las relaciones familiares, las parejas acechadas por la rutina, el tedio». (Winston Manrique, El País, Babelia)
«Askildsen cuenta pequeñas historias cotidianas, casi todas de relaciones personales que acaban en fracaso. Son historias nunca del todo transparentes. Sugieren más cosas que las que explicitan. Al lector le corresponde atisbar el secreto oculto que hay detrás, completarlo, cada uno a su manera». (Arsenio Escolar)
«Desde ahora te acompañaré a casa » es una recopilación de algunos de esos relatos en los que, tan escueta como profundamente, se adentra en el alma humana, en el amor y en la vida. Yo no escribo historias, sino que hago ficción -apunta- .Veo el relato como una unidad, como un cuadro. Por eso prefiere deshacerse de la idea de hay algo entre líneas y, para ello, cita una de sus obras: El que cuenta la verdad miente, y el que cuenta la ficción, cuenta la verdad».(S. Gerszenzon,, La Razón)
«Askildsen no es un ser social, está claro, no está para regalarnos humoradas —y quizá sí para cortarnos el hipo—, pero nada de lo que expone con su concisa brevedad nos es totalmente ajeno. El temblor sísmico, hasta el horror, que acecha bajo la aparente intrascendencia de los hechos pequeños así nos lo hace saber con feroz insistencia».(Héctor J. Porto, La Voz de Galicia)
«Askildsen sorprende a sus personajes en un momento cualquiera de sus vidas, como si les fotografiase un momento de su crisis permanente».(Nuño Vallés, El confidencial)
«No concibo que la narrativa del noruego pueda pasar sin pena ni gloria ante la mirada de cualquier buen lector».(Robert Saladrigas, La Vanguardia)
«Askildsen es un maestro de la escena breve, como en el relato que da título al volumen o en los tres ya citados; una velada, un día o una tarde son suficientes para exprimir los conflictos larvados durante años por sus protagonistas».(Pedro Tellería, Gara)
«Kjell Askildsen apenas mira a la cara y corta las preguntas con cuchillo japonés (o noruego). Sus ojos se muestran incisivos. Como bisturíes del interior humano, que rastrean entre las vísceras para ponerlas sobre la mesa. Porque eso es lo que hace con sus relatos. El mejor ejemplo, la selección que ahora publica Lengua de Trapo bajo el título Desde ahora te acompañaré a casa. Pero descuiden, que Askildsen no amarga. Al final, sonrie». (Paula Corroto, Público)
«Como gran autor de cuentos sabe que debe callarse y dejar hablar a sus personajes, evitando siempre las "grandes palabras" de los "grandes temas" que tanto rechinan en los relatos breves: odio, amor, rencor, hastío, miedo… No se trata de escribir poco, sino de saber controlarlo todo con las palabras precisas. Convertidos en mirones indiscriminados de las relaciones de los demás, según avanza la historia imparable, sentimos algo morboso al ir descubriendo en nosotros aquello que los personajes del cuento no consiguen formular o –sencillamente- no se atreven a decir. La virtud, a mi modo de ver, reside en buscar las maneras posibles de bordear esas palabras hinchadas para hablar de esos mismos temas. Que son los de siempre». (Alfonso Torresillas, Soitu)
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