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Ficha realizada por Santi37
CASTILLOS DE CARTÓN
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(Castillos de cartón) Almudena Grandes
Editorial Tusquets Primera Edición Barcelona, febrero 2004 ISBN: 84-8310-259-5 199 Páginas |
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María José trabaja en una galería de arte. Fue pintora. Recibe una llamada de Jaime, ex compañero y algo más de la Facultad de Bellas Artes. Le da la noticia: Marcos, otro ex compañero y "algo más" acaba de suicidarse. En la cumbre de su fama, porque Marcos sí que triunfó.
Y empieza la evocación de sus tres vidas pasadas.
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Santi37
Yo adoro a Almudena. La única escritora que me ha hecho volver a encender la luz de la mesilla porque NO PODIA RESISTIR no seguir leyendo "Malena es un nombre de tango", que fue la novela que me enganchó a ella.
Desde entonces, me compro sus novelas el primer día que salen a la venta, y si no chillo como una groupie adolescente cuando la veo en la Feria del Libro es porque para según qué cosas soy muy cortado. Pero esta novela... ay, esta novela.
Es muy corta. Ya me he acostumbrado a los novelones - río de la Grandes, en donde te cuenta la vida y milagros de una ristra de personajes, y la de los vecinos, si viene al caso (como en "Los aires difíciles"), y aquí, la acción se circunscribe a los tres personajes mencionados arriba.
Y la trama... pues convencional. La próxima vez que la vea le preguntaré si era un argumento que tenía guardado en un cajón y lo ha resucitado, no sé muy bien por qué, ya que no añade nada a su trayectoria. Sí, está la cuestión de ganar dinerines, pero... ¿tanta falta le hacen? La evocación del Madrid universitario y los años ochenta, que es sosa y plana; los personajes, chatos y con poca entidad; el mundo de los "artistas", tan poco favorecedor y tan proclive a excesos fruto de "su arte"; una pasmosa falta de recursos verbales en los protagonistas cuando se comparan sus hallazgos artísticos (apenas salen del "es muy bueno, tío; de puta madre, tía"; ¿pero Almudena no había hecho la carrera de Geografía e Historia? ¿Tan poco ha conservado en su memoria?) y una machaconería estilística en la narración, a base de repetir frases, tampoco demasiado felices, me llevan a afirmar, con no poco pesar, que esta novela es un paréntesis, a la espera de algo mejor.
Es curioso; en una novela en donde uno de los protagonistas es un pintor de éxito, con un estilo supuestamente "grande e importante", mi querida Almudena no ha sido capaz de hacerme imaginar estos cuadros NI UNA SOLA VEZ, y esto me parece bastante ilustrativo.
Mira que me duele decir todo esto. Pero la novela me ha resultado tremendamente decepcionante.
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Paris40
Yo también he leído todos los libros de Almudena Grandes, sin embargo éste es el que más me ha gustado, quizá porque tiene las páginas justas, y cuenta una historia poco convencional, conmovedora. Yo no pude parar de leer hasta que lo terminé. No entro en esas consideraciones sobre los cuadros, si me hizo vibrar la historia de amistad y amor.
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Isabel Montero Garrido
He leído el libro casi de un tirón. Exactamente en dos días. Dos ratos por la noche. Y a mí me hizo vibrar. Me conmovió especialmente el final del libro. Yo no encuentro un lenguaje de recursos repetitivos como dice Santi37. Para mí está lleno de fuerza.
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Rosi M. E.
Me ha gustado mucho, yo también he leído todos los de Almudena Grandes, y, por ejemplo, Malena es un nombre de Tango me gustó más, pero no sé dónde leí que Castillos de cartón en un principio era un relato, un poco largo para incluirlo en un libro de relatos, que se convirtió finalmente en una novela corta, por eso, porque es corta se lee muy fácilmente. Cuando llegas al final, te queda un sabor entre dulce y amargo, pero agradable.
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Puquita
Me parece fantástico. Es el único libro que ha consiguido hacerme llorar de verdad. No pude parar hasta terminarlo. Leí todos los libros de Almudena pero sin duda me parece que éste supera a los demás en cuanto a implicación emocional del lector. Por lo menos la mía. :) Enhorabuena.
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Jazmín Angeles
Me encantó el libro. Si bien es corto, pienso que no necesitaba más desarrollo.
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Rosalía Medina de la Vega
Creo que está claro que no es el mejor libro de Almudena Grandes por los recursos repetitivos y la "prisa" con la que despacha la descripción psicológica de los personajes. Aún así hay momentos en los que el lector no duda en sumergirse en un laberinto de arte, drogas y sexo.
Por lo original de la historia y por los escasos momentos en que sale a relucir la mejor capacidad narrativa de la autora merece la pena leerlo, aunque sigamos esperando algo mejor.
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Zaida Palma Díaz
En estos días estoy leyendo un libro que no viene al caso, pero se cruzó por en medio Castillos de cartón. No quise abandonar el otro, pero no he podido resistir no parar de leerlo, aunque también tentaba el leerlo cómoda en casa, pues me lo he terminado entre autobuses, paradas y matrículas.
Es tremendamente conmovedor. Y a mí desde luego no me hacía falta saber nada más aparte de los tres personajes, pues no hay más. Y no es nada fácil describir los sentimientos de un amor entre tres personas con esa sencillez, y además con tanta verdad y realidad. Ya tengo más recuerdos en mi cabeza, desde luego. Echo de menos, como Jose.
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Isabel 19
Para mí ha sido toda una experiencia leer una obra de Almudena. Una vez más he comprendido que no trata tanto los ambientes externos, sino la psicología de los personajes. Me he sentido identificada con algunos de sus sentimientos y pensamientos en varias de sus novelas, y eso me sorprende enormemente.
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Paula Falcón Valerón
Este libro narra una entretenida historia pero personalmente quitaría tantas metáforas. Aunque la narración es un poco fuerte debido a tanto sexo, es una historia casual y muy real, ya que los jóvenes universitarios de hoy en día suelen tener relaciones muy parecidas a ésta, aunque no tan duraderas.
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Manuel Márquez (Registrado)
No se descubre la pólvora con la afirmación de que Almudena Grandes se encuentra, en este momento, en esa nómina selecta –por lo reducida- de narradores en lengua hispana capaces de aunar a un tiempo calidad en su creación artística con un éxito comercial más que estimable, contando, además, con la par ticularidad de que su capacidad productiva, medida en la frecuencia de obra nueva escrita y publicada, también se sitúa en un nivel francamente elevado (sobre todo, si se compara con el de novelistas parangonables en atención a los otros dos parámetros, calidad y comercialidad).
Evidentemente, compatibilizar una producción prolífica con un nivel cualitativo alto no siempre es tarea fácil, y, de hecho, suele ser mérito reservado a muy contados creadores, que, por lo demás, difícilmente pueden sostener un nivel homogéneo, siendo lo más frecuente que, a lo largo de su obra, aparezcan “dientes de sierra”, más o menos afilados, y reveladores de que su producción no es insensible a la presión que supone el mantenerla siempre en una fluencia continua.
Vista desde esa perspectiva, es posible que se pueda asociar Castillos de cartón con uno de los puntos bajos del diente de sierra antes mentado, dentro de la producción literaria de Almudena Grandes, pero tampoco se puede negar que en esta su última novela, la autora madrileña vuelve a dar muestras sobradas de su facilidad y soltura para desenvolverse en el terreno que más caro y frecuente le resulta, que es el de una visión femenina liberal y desprejuiciada de las relaciones afectivas y cómo éstas tienen el poder y la capacidad de articular todo el entramado vital de las mujeres que las viven.
Para ello, la autora vuelve a situarse en un territorio físico y temporal que ya había explorado con sorprendente, pero no inmerecido, éxito en su opera prima, Las edades de Lulú, que es el Madrid de los primeros 80, o sea, el Madrid de aquella nebulosa emblemática que dio en llamarse la movida. Y, tanto en ésta como en aquella, estaba, y está, claro que sus personajes estaban dispuestos a cumplir con el slogan-premisa que hizo fortuna en aquel momento, aquel que pregonaba que de Madrid al cielo; eso sí, previo paso por la cama de los mil y un retozos...
Sin excesos procaces ni explicitaciones que, por lo obvias, tendrían poco sentido (en ese sentido, estos Castillos de cartón no alcanzan, evidentemente, el nivel de torridez y de protagonismo del sexo que sí era apreciable en ...Lulú), pero sin pacaterías ni mojigaterías, que tampoco tendrían mucha justificación en una historia que, como ésta, proyecta una visión nada estricta y convencional en lo tocante a la percepción moral de las relaciones sexuales, Almudena Grandes nos cuenta la historia de una (pretendidamente) hermosa relación a tres, vista desde la perspectiva del vértice femenino del triángulo –María José Sánchez, tasadora de una casa de subastas de arte, es su protagonista y narradora-, y nos la cuenta con la clara intención de hacérnosla pasar por natural y nada escabrosa, una suerte de historia arcádica en la que no hay cabida para el morbo y la turbiedad, porque la limpidez de la mirada de quien la vive la redime de toda la impureza que, desde una perspectiva de lo que común y socialmente es admitido en la materia, podría mancharla: es la opción de la autora, hay que reconocer que el tono del relato está plenamente acorde con su intencionalidad y, por lo demás, Almudena vuelve a conseguir desplegar con notable habilidad un tapiz descriptivo de vivencias y sentimientos en el que la riqueza y la complejidad implican densidad, pero no espesura, con lo cual la prosa no se ve aquejada de excesos discursivos.
Otra cuestión, bien distinta, es si esa historia, tan tremenda desde parámetros de admisibilidad social, resulta creíble en tales términos, pero eso es algo que, probablemente, queda más al albur de los muy particulares referentes de moralidad de cada cual, y, en consecuencia, que cada cual saque sus muy particulares conclusiones, percepciones y sensaciones al respecto. En cualquier caso, es bastante plausible pensar que todos aquellos lectores que seguimos habitualmente a esta autora y, además, compartimos en mayor o menor medida sus referentes emocionales y morales, no nos vamos a asustar con el potencial de irreverencia del trío erótico-artístico que nos dibuja en esta novela, en cuyo relato pesa mucho más la sensibilidad dramática y la complejidad sensitiva (las disquisiciones sobre la dualidad sexo-amor se quedan muy, muy cortas en relación a los vericuetos por los que transita Almudena Grandes) que su (evidente) pulsión libidinosa.
En definitiva, una novela de extensión breve y que, sin llegar, muy probablemente, a los niveles de Malena... o Atlas..., tampoco deja mal sabor de boca y demuestra con claridad que su autora ha alcanzado ya un nivel de vuelo –en términos de solvencia narrativa- que le permite despachar determinados trabajos con el “piloto automático”, sin que la altura alcanzada por la aeronave se resienta excesivamente.
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LUNA (Registrado)
Pues tengo que decir que este libro me ha gustado mucho, corto, sí, pero intenso, o al menos me lo pareció.
Es tan fácil de leer que te sabe a poco.
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Sibila (Registrado)
A pesar de haber oído hablar muy bien de ella, nunca había leído nada de
Almudena Grandes. Me regalaron este
libro por mi último cumpleaños y lo comencé a leer sin esperar nada, ya que no podía
compararlo con otros libros de mayor éxito de la autora como "Malena es nombre de tango" o
"Los aires difíciles". Y lo leí
en dos tardes.
Para mí, no es una novela (además la brevedad de la historia lo confirma). Para
mí es un libro que habla de las emociones. Y además lo hace muy bien. A pesar de
que por la trama, en mi caso, no me identificara con la protagonista, "la entendía".
Entendía sus emociones. La forma de narrar de Almudena hacía que entendiera sus
emociones.
Y no me ha parecido repetitiva su prosa, me ha parecido más bien un recurso poético
esa repetición calculada en el momento justo de ciertos pensamientos.
A mí me ha gustado mucho, es lo que puedo decir.
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