Anika (Registrado)
¡Una maravilla con mayúsculas! No sabía que era Teatro cuando lo compré, y si lo hice fue porque el nombre de Ibsen ya me era conocido, tenía ganas de leer algo suyo (aparte de que formaba parte de una colección de libros que tenía a medias). El libro es cortito y al ser teatro, ameno, apenas se divide en 3 actos.
Empecé a leer el prólogo de Carmen Alborch, pero cuando me di cuenta de que "destripaba" parte importante de la pieza, lo salté y me fui directa a la obra. ¡E hice bien! Es fantástico. Henrik Ibsen 'dibuja' con sus líneas a un matrimonio típico de la época más machista, superficial y arrastrada por el "qué dirán" con maestría, utilizando a dos personajes principales (el matrimonio formado por Helmer y Nora) de una forma magistral. Él es soso, cursi, repipi, el típico hombre que vive en su época, adaptado totalmente - a veces hasta vomitivo -, el típico cabeza de familia…; ella asume su papel de muñeca, esposa infantil, caprichosa, tontaina… pero "asumirlo" no significa en absoluto que lo sea.
El papel de Nora, sorprendente para nuestra época porque aún nos cuesta aceptar que hubo un tiempo en el que las mujeres no eran "nadie", crece conforme van pasando los actos de esta pieza, y el final es sorprendente. Estaba en un bar terminando de leerlo mientras me tomaba un cortado y cuando ella toma "su decisión" se me ha iluminado la cara, he a-lu-ci-na-do, no podía dejar de sonreir. Hubiera gritado un "¡Viva!" de no haber estado en esa cafetería. No quiero destriparos ni el argumento -como hace Alborch, si teneis esta misma edición os aconsejo que lo leais después… yo lo he terminado al finalizarla- ni más detalles de esta fantástica historia, pero sí recomendárosla al 100 por 100. Leed Casa de muñecas por favor, no os arrepentireis.
Mi conclusión es sencilla: en esa época el hombre era un egoísta y la mujer, si luchaba por sí misma, estaba mal vista, porque sus decisiones eran absolutamente "inapropiadas" (y sin embargo ¡qué gran lección le da al marido!). Para mí, Nora es una heroína a pesar de su decisión.
Ibsen, por su parte, fue un valiente o un revolucionario, según se mire (la obra se estrenó en muchos países con escándalo, y en algunas partes incluso ¡¡¡cambiaron el final!!!) Henrik Ibsen defiende en esta obra la libertad individual y la emancipación de la mujer, y yo me arrojo a sus pies. Si alguna vez voy a Noruega, visito su tumba ¡lo juro!.
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