Anika (Registrado)
Que al valenciano Ximo Abadía le gusta la poesía, es indudable, pues buena parte de “Cartulinas de colores” está llena de ella. Le sirve, al igual que las imágenes, para describir el estado de ánimo de su protagonista, y da la impresión de que este libro son dos cosas: comic y poesía en uno. Es curioso que llamándose como se llama y apareciendo como aparecen cientos de cartulinas de colores, el color en toda la novela sea apagado y triste, como su chico. También lo es que sus personajes no se limiten al ser humano, al hombre, con él aparecen todo tipo de animales (empezando por su propia familia) con trabajo, pantalones y parejas. Para gustos, todos los sabemos, existen los colores –nunca mejor dicho- y por eso habría preferido mil veces no ver la nariz del chico de color lila, porque mis ojos iban una y otra vez a su nariz, aunque en cierta forma este mismo color una definitivamente al chico con la chica, pintada de lila de pies a cabeza. Incertidumbre, pena de si mismo, cobardía, temor… las páginas destilan, como los tonos de sus colores, las mismas sensaciones, para terminar en una historia de amor que, en el fondo, no era tan difícil de conseguir. Sólo hacía falta justo lo que le faltaba. Una lección de vida que en realidad narra la propia experiencia de Ximo Abadía, pues “Cartulinas de colores” es autobiográfico. Tengo la impresión de que muchos se van a sentir identificados con él. Anika Lillo
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