Joseph B. Macgregor (Registrado)
Este libro me parece bastante coherente con el personaje en cuestión. Aznar desarrolla
los temas planteados por Santiago de manera clara y amena y cuando expone sus argumentos
aspira a fundamentarlos con solidez acudiendo a fuentes diversas (ensayistas políticos,
economistas, historiadores, políticos, filósofos de la Grecia Clásica
e incluso el Papa Juan Pablo II), intentando demostrar
además que sus afirmaciones no son gratuitas ni nacen de la improvisación. Otra
cosa es que las conclusiones a las que llega me parezcan adecuadas o acertadas.
Digamos que Aznar parte de planteamientos que considero bastante correctos pero
lo que no me convence son las soluciones a las que llega finalmente.
Voy a referirme por ejemplo a los dos primeros capítulos o cartas en las que intenta
explicar a Santiago qué es la libertad, en qué consiste, cómo podemos ser libres,
cómo puede el estado hacer más libres a los ciudadanos, etc.
Estoy de acuerdo cuando afirma que la libertad es algo que hay que mantener a base
de cuidado y sacrificio, que no se da gratuitamente y que hoy podemos tenerla y
mañana no, y que la libertad no tiene por qué estar asociada con la ausencia de
normas ni es incompatible con la educación y la cortesía. Sin embargo, Aznar entiende
que el relativismo, lo demostrado por
la ciencia y la técnica y el progreso
son enemigos de la libertad, algo con lo que no estoy de acuerdo para nada, es decir:
desde mi punto de vista, "falla" en las conclusiones finales.
De igual modo, peca de imparcialidad cuando señala como totalitarios sólo a los
regímenes políticos comunistas, a las dictaduras Latinoamericanas
de izquierda o a los
nacionalismos. En ninguna parte, se
menciona a Franco, Pinochet o a Mussollini como ejemplos
de falta de libertad o de represión brutal.
Un segundo ejemplo de esto que digo. Cuando Aznar define en qué debe consistir la
acción política dice cosas muy acertadas: que ésta debe tener como principal objetivo
la libertad del ciudadano y que debe centrarse en el presente, en problemas y soluciones
reales y concretas. De igual modo, expone que la vocación y la responsabilidad deben
ser las dos cualidades esenciales para el desempeño de la labor política, así como
el cuidado y fortalecimiento de las instituciones. Hasta aquí todo perfecto, pero
su argumentación le sirve como excusa luego para hablar de lo que él considera
manipulación en el uso del lenguaje (se refiere a Zapatero, claro
está) cuando se llama "proceso de paz" a lo que, según él, es una negociación política
con
terroristas o cuando
se habla de "alto el fuego permanente" cuando en realidad
se trata de una tregua parcial que los terroristas emplean
para rearmarse. De nuevo, están muy bien los planteamientos pero no me convencen
las conclusiones a las que llega, sobre todo cuando concluye la carta afirmando
que siempre ha intentado no rehuir las consecuencias de sus actos… en fin. Y así
podría seguir con el resto de cartas o capítulos: buen comienzo pero "malas" conclusiones
(malas en el sentido de que no las comparto, claro está, e igual que Aznar tiene
sus ideas yo también tengo las mías).
Sin embargo y como señalé al principio de la ficha reseña, todas las conclusiones
incluidas en estas cartas me parecen muy coherentes con lo que Aznar representa
o ha sido cuando fue presidente del gobierno. Lo raro sería que pensara de otro
modo. En ese sentido, sus opiniones son sinceras, aunque no las comparta para nada
y demuestran (desgraciadamente) una enorme coherencia con el personaje en cuestión.
Joseph B Macgregor
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