JL Hidalgo (Registrado)
No vamos a descubrir ahora a uno de los mejores escritores en lengua castellana
del siglo pasado, y en opinión (personal y subjetiva, como todas) de este humilde
lector, alguien llamado a ocupar un asiento en la Academia de las Letras Universales.
Un estilo lírico, como él mismo repite hasta la saciedad en su escrito, un texto
hecho de sentimientos no siempre bellos pero no por ello menos reales o indignos,
una prosa rica en matices, sentida, vomitada y pausada, simultáneamente. Una dura
reflexión sobre el paso del tiempo, sobre el amor y la pareja, sobre la vejez que
se avecina, sobre las posibilidades y sueños que se desvanecen.
El cuerpo de la obra lo compone una
larga carta o confesión o ajuste de cuentas
o llámese como se prefiera, escrita por el autor a caballo entre el verano y el
otoño del año ochenta y cinco, en que recorre de manera sutil y profunda los años
de convivencia con su esposa, su amor de toda la vida, Mariamor, como él la llama,
los encuentros y desencuentros que se producen con los años en el seno de la pareja,
los ajustes de cuentas, las pequeñas o grandes rencillas o trencillas.
Esta primera carta se acaba con el verano, con la vuelta a la ciudad. El autor nos
regala después con otra, muy breve, escrita al verano siguiente, que sirve de guinda
al pastel y donde acomete los aspectos más escabrosos de la relación, el sexo y
los duelos compartidos.
José Luis Hidalgo
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