Anika (Registrado)
Este es uno de esos clásicos del terror que siempre quise leer. No soy gran lectora
de historias de vampiros, quizás porque siempre temo que sean todos los relatos
iguales o demasiado parecidos (a raíz del “Drácula” de
Stoker, prácticamente pasé a “El señor de los muertos” de
Tom Holland, y luego un
salto enorme hasta “Gothika” de
Clara Tahoces. Leí, sin saber que
iba de vampiros, “Soy leyenda” de
Richard Matheson, ése sí me gustó,
aunque yo creía que era de zombies. Pero hasta me salté los libros vampíricos de
Stephen King como “Salem’s Lot” y de los de
Anne Rice sólo pude con el primero,
“Entrevista
con el vampiro”, con “Lestat” abandoné y renegué de los
vampiros durante mucho tiempo. No me gustan las repeticiones ni las sagas en general)
Leer “Carmilla” ha sigo un GUSTAZO
(sí, sí, en mayúsculas). Lo he disfrutado muchísimo. Su presentación, donde nos
hablan de una joven que dejó testimonio de ciertos hechos insólitos ya nos hace
que pique la curiosidad; el hecho de que quien cuenta la historia sea prácticamente
una niña (más tarde una joven) cuando le ocurre su encuentro con el vampirismo,
resulta fascinante porque aunque lo relate ya más adulta, no deja de transmitir
la inocencia de entonces, y ves la historia con sus ojos.
Cómo relata
Le Fanu el ambiente también es de lo más acertado. No se para en
exceso en la ambientación pero sí nos da a conocer lo que necesitamos saber: el
aislamiento, la oscuridad de la noche, la falta de vecinos, lo lejos que duerme
el padre en el castillo porque está en otra ala y desde allí no se escuchan los
gritos… todos los detalles son fantásticos.
Y cuando Carmilla entra en la vida de Laura, sorpresa -al menos para mí- absoluta.
No se parece en nada a los otros vampiros sobre los que había leído y eso me ha
fascinado. No hablo de su belleza, de si es enigmática, de si duerme hasta casi
el atardecer… tópicos que ya conozco: hablo de su sensualidad, de sus cambios de
humor tan fuertes que a veces desconciertan a Laura y al propio lector, de su propia
lascivia y de cómo casi corrompe la inocencia de la joven Laura. Fascinante esta
Carmilla.
Como curiosidad comentar que la primera vez que oí la palabra “revenant” fue a raíz
de una película que llevaba ese mismo título, por ello me ha asombrado que ya aparezca
en este libro.
Los clásicos del terror son de los que han bebido los maestros de nuestra época,
y nadie debería perdérselos. ¡Magnífico!
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