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La Tierra ya no existe, es parte del pasado, pues el Sol se convirtió en una nova lo suficientemente grande para destruir parte del sistema solar. Pero los últimos pobladores del planeta, a lo largo de los últimos siglos de vida de la Tierra, se unieron, olvidándose de las rencillas históricas y concentrándose en colectivo para hallar una manera de encontrar nuevos planetas habitables y las desarrollando métodos para viajar a millones de años luz de distancia. De esta manera se crearon las sembradoras, naves enormes gobernadas por robots, programados para asentarse en posibles planetas aptos para la vida humana, y con ordenadores, que contenían todo lo necesario para que no se perdiera la memoria de la Tierra y para que no se repitieran todas las barbaridades e injusticias del pasado. También se desarrollaron gigantescos módulos de hibernación, para poder transportar a gran parte de la población.
Una de las últimas naves de hibernación que logra escapar a la destrucción del sistema solar, la Magallanes, llega a Thalassa, un planeta dónde la mayoría de la superficie es océano, para así reparar el escudo de hielo de la nave, que les permite abrirse paso a través de años luz por el espacio. Pero, a ese planeta había llegado una de las primeras naves sembradoras, y se había creado toda un nueva sociedad terrícola, muy cohesionado y con estrictos controles de natalidad, por la escasez de tierra habitable. De esta manera las dos sociedades se encuentran, produciendo el consecuente intercambio cultural.
La misión de la Magallanes es llegar al planeta Sagan Dos para establecer allí una nueva Tierra. En Thalassa sólo tienen que reparar su nave para proseguir el viaje, pero después de haber llegado al paraíso, abandonarlo para dirigirse a un futuro incierto será una tarea más ardua de lo previsto.
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