Juan Enrique Acevedo (Registrado)
Nunca sabemos cuándo los actos cometidos en el pasado, y cuya importancia relativizábamos, van a volver a nuestro presente... y además, de una forma contundente en el momento menos esperado. Y eso es lo que les pasa a Teresa, Fede, Julián y Andrés, nuestros cuatro protagonistas iniciales de la historia, cada uno respondiendo a un perfil distinto pero con un nexo común en los tres primeros: la ambición, la codicia y el ansia de poder. Andrés, más reflexivo, más consciente, menos material es quien nos narra esta deliciosa historia. Narrada a través de Andrés, "Blues de Trafalgar" tiene su punto de partida en un hallazgo: un alijo de hachís escondido en un lugar inaccesible que por aquello de la casualidad, acaba en manos de nuestros protagonistas. A modo de juego de forma inicial, y sin posibilidad de marcha atrás en segunda instancia, se hacen con el alijo y lo venden a unos traficantes, obteniendo un sustancial beneficio con un esfuerzo mínimo (primer apunte: ley del mínimo esfuerzo y máximo beneficio, el éxito sin sudarlo)... pero esto tiene un contrapunto, un daño colateral añadido que pone en juego la moral del grupo, los valores personales y el valor de la vida de las personas: el chico que está a cargo del alijo, es secuestrado y, finalmente, aparece asesinado y este suceso no es más que el punto de partida de esta historia. En conflicto moral permanente (aunque no todos por igual e incluso alguno no siente haber hecho nada malo), deciden aportar parte de su beneficio "ilegal" a la familia (por supuesto de forma anónima) y como un medio para saldar las cuentas con su conciencia... si es que alguna vez el estar en paz con uno mismo tiene un precio económico, que yo creo que no. Pasado un año de los hechos, Andrés, nuestro narrador, de perfil más débil y reflexivo, no consigue convencer a sus amigos del propósito inicial y realiza una acción en solitario que será clave en esta historia. Una historia esculpida en el recuerdo de nuestra acciones pasadas, en aquellas acciones que nos producen arrepentimiento, que queremos olvidar pero que sabemos que, tarde o temprano, volverán a nuestro día a día y nos saludarán... y trataremos de esquivarlas pero seguirán tras nosotros. Una historia de excesos, de ambiciones de poder -llamémosle dinero también-, que nunca deberían de salir bien. Que siempre deberían penalizar al que obtiene un beneficio de forma ilegal, pero que lamentablemente no siempre ocurre así Una historia actual, que podemos encontrar en nuestro día a día. En definitiva, una historia para reflexionar, que avanza lentamente pero con pasos firmes y que tiene un final muy conseguido. Una historia muy recomendable. Juan Enrique Acevedo
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