Pilar Alonso (Registrado)
Nos encontramos con un thriller a la vieja usanza, sin manuscritos ni conspiración
eclesiástica de por medio, aunque la religión juegue un papel importante en la novela.
Yo quizás la etiquetaría de thriller científico, porque ese aspecto es
esencial en el libro y Douglas Preston parece conocer bien el tema.
Aceleradores de partículas, matemáticas, física cuántica, agujeros negros... toda
una terminología puesta al alcance del lector que, aunque se pierda con algunos
datos técnicos, puede retener lo suficiente como para seguir la trama sin tropiezos.
El argumento no es especialmente original: el típico ex-miembro de algún equipo
de fuerzas especiales que acude para averiguar qué se está cociendo, un antiguo
amor de por medio, y un secreto por descubrir. Aunque hay un aspecto que cada vez
se estila más en la literatura de nuestros días: el valor de internet. En este caso,
una carta colgada en la red que aparece tres horas más tarde en casi cincuenta mil
webs de todo el país. No sé si sucedería así de rápido en la vida real, pero no
creo que se alejara mucho de esas cifras. Ese poder de divulgación de las noticias
y los mensajes, unido al
fanatismo de algunos sectores de la
población, van a ser cruciales en el argumento.
La novela es de aquellas que atrapan desde el inicio. Mucha acción, personajes bien
perfilados, suspense, diálogos ágiles y descripciones escuetas.
Personalmente, prefiero la saga del
agente Pendergast que
Douglas Preston escribe junto a
Lincoln Child, aunque reconozco que he pasado un par de días completamente
absorta en Blasfemia, un thriller
de los de siempre y que, por esa misma razón, se lee con sumo agrado.
Pilar Alonso
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