Pilar Alonso (Registrado)
Me reitero:
Fred Vargas es un nombre a tener en cuenta en el panorama de la novela
negra. Con un estilo fluido y con ciertas dosis de humor, la autora domina a la
perfección el arte de enredar al lector entre sus páginas y hacer que quede preso
en ellas hasta llegar a la conclusión.
De nuevo el comisario Adamsberg y su inseparable capitán Danglard juegan contra
el tiempo para detener a un misterioso asesino, aunque en esta ocasión el comisario
está más solo que nunca. Ante la incapacidad de demostrar la veracidad de sus teorías,
terminará recibiendo ayuda de alguien por completo inesperado: una hacker
octogenaria, un personaje de lo más entrañable.
Fred Vargas realiza un brillante análisis de los mecanismos psicológicos
del detective, el modo de trabajar, sus meditaciones y cómo alcanza las conclusiones,
de tal modo que se puede asistir en primera línea al funcionamiento de los engranajes
del protagonista y seguir el hilo para desentrañar las pistas que conducen al asesino.
En esta entrega, Vargas nos lleva durante una parte de la trama
hasta Canadá, y este cambio de escenario sirve a la autora para continuar avanzando
en la propia historia personal de Adamsberg, en la que también Danglard desempeña
un importante papel.
Giros inesperados y situaciones límite enfrentan al comisario a sus propios demonios
y la autora, con la esmerada prosa que le caracteriza, cumple con creces todas las
expectativas.
Pilar Alonso
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