David Gil
Malcolm Lowry dice en el prólogo que lo que pretendía era contar la auténtica historia de un borracho, y se nota que conoce el asunto, lo ha retratado mejor que lo que he leído en ningún otro libro. Quizás porque no es sólo el retrato del personaje y de sus delirios, también es la forma en la que nos cuenta la historia. A veces da la impresión que Lowry también escribió algunas cosas bajo los efectos de mezcalito. Es un libro en el que cualquier cosa puede salir en cualquier momento, el narrador no se corta en cambiar bruscamente de tema o en meter una imagen poética salida de la nada cuando le apetece. Hay un cierto caos más o menos controlado, porque sí que en el fondo hay una estructura rígida, que sería algo así como infierno, redención y muerte. Por lo que a mí respecta se la podía haber ahorrado y que, ya puestos, el libro fuera un caos total, pero eso ya son cosas mías.
En general el libro me ha gustado mucho, con momentos geniales, pero hay tres o cuatro capítulos, los que está escritos desde el punto de vista de Hugh o de Yvonne, que para mí sobran o por lo menos no merecen tanto espacio como se les da. Quitando eso, merece la pena leerlo, y probablemente más de una vez, porque yo creo que es tal la riqueza imágenes y de temas que toca, que muchas cosas pasan desapercibidas en un primera lectura.
|