Pilar Alonso (Registrado)
El Terror. Robespierre. ¿Quién no ha oído alguna vez esos dos nombres en una misma frase? Y es que la Revolución Francesa, pese a sus indiscutibles avances sociales (o las semillas de ellos) también tuvo su lado oscuro. Y ese lado oscuro tuvo un nombre propio: Robespierre. Esta novela ahonda en ese período de tiempo en concreto y especialmente a través de la figura de Fouquier-Tinville, acusador público del Tribunal revolucionario. Por sus manos pasaron cientos, miles de expedientes para los que decretaba un mismo final: la guillotina. En muchos casos sin pruebas, casi sin juicio ni ningún tipo de deliberación. Realmente era peligroso vivir en Francia en aquellos tiempos. Cualquier vecino, cualquier enemigo por pequeño que fuese, podía colocar nuestro cuello bajo la cuchilla con una sola palabra. Porque el deseo de “limpieza” era tan acusado que las autoridades no se entretenían ni en comprobar si la persona que habían detenido era o no el verdadero objetivo, no digamos ya en buscar argumentos que avalasen las acusaciones de que era objeto. No importaba si eran ricos o pobres, campesinos, tenderos o albañiles, sufrían por igual idéntico proceso y se hacinaban en las cárceles a la espera de la guillotina. Esta escueta explicación queda magníficamente reflejada en la novela, esos desmanes, la crueldad innecesaria, las sospechas, los encarcelamientos, los procesos, las condenas… y Fouquier-Tinville es el personaje alrededor del cual gira toda esa vorágine de terror. Alrededor de él se teje una trama un tanto folletinesca que pone sobre el tapete la figura de María Antonieta y las conspiraciones que se fraguaron para liberar a la familia real. Un misterio que envuelve a un objeto tan común como un abanico y que desata toda una serie de sucesos que se encuadran perfectamente en dicha etapa histórica. Pese a los evidentes puntos de interés de esta novela, no le vendría mal una buena revisión de estilo. Algunas frases mal construidas y algunas erratas hacen necesaria una segunda lectura de varios pasajes, lo que entorpece el ritmo y confunde al lector. Bajo el terror de la guillotina tiene a sufavor el encuadre histórico y el fresco de la situación política del momento, y en contra un inicio ubicado en la actualidad completamente innecesario, amén de lo ya expuesto en el párrafo anterior. En definitiva, una novela entretenida aunque ciertamente mejorable.
Pilar Alonso
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