Francisco Javier Illán Vivas (Registrado)
Estamos ante el opus primun de un autor al que vamos a escuchar nombrar
muy a menudo, sobre todo a partir de este 2008, cuando dio el salto desde una pequeña
editorial caracterizada por no distribuir sus libros a otra, u otras deberíamos
decir, de ámbito nacional:
Patrick Ericson, tras
quien encontraremos a
José María Fernández-Luna.
Baile de dríadas puede ser considerado un largo poema,
una épica oda donde el autor se nos revela incluso como un pintor, que derrama todo
su cariño sobre la obra, escrita en primera persona y que, como os digo, conoce
momentos de muy bella poesía: el espíritu del otoño y su belleza decante,
nos comenta el poeta. Y, más adelante, nos dirá el escritor: las piernas se abren
como pétalos en la mañana. Son dos muestras del juglar que se esconde en
la punta de la pluma del escritor.
La acción va y viene del pasado al presente, y de éste nuevamente al pasado, en
un engañoso juego que nos parecerá que cuando el tiempo transcurre en presente,
sentiremos que es el pasado, y cuando es en pretérito, nos puede parecer que es
el presente, o incluso, que está por llegar. Un juego con el tiempo cuya explicación
se encontrará al final del libro, en el epílogo, pero que no desvelaré, pues privaría
de magia a este recorrido íntimo por los más profundos secretos de Bilitis, la dama
de esa casa de lenocinio ubicada en una brumosa isla del Mediterráneo, que nos traerá
inevitables recuerdos de aquellas otras islas que Ulises visitó en su odisea.
Encontraremos amor, mucho amor, y sensualidad y sutil erotismo, como ese delicado
velo presidido por Eros, que puede leerse en la contraportada. Escribe el autor:
¡quiérelos! ¡Yo los quiero tanto! - me dice mientras los alza con las manos.- Son
dos niños, dos primores. Cuando estoy sola me entretengo acariciándolos. Y con ellos
juego... y los hago gozar. Los baño con leche. Los cubro de flores. Empleo mis cabellos
para secarlos y los acuesto entre fina lana. Puesto que no he de tener hijos, sé
su criatura, amor mío, y ya que están tan lejos de mi boca, bésalos tú por mí.
Como la misma protagonista, que comprende lo inútil de su afán: retener un instante
ya pasado, puede que yo también esté intentando algo imposible, como es explicaros
el amor, la poesía, la sensualidad, la breve caricia de un beso o el paso de un
instante.
Leedlo y lo descubriréis.
Francisco Javier Illán Vivas
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