Joseph B. Macgregor (Registrado)
En primer lugar, me llama mucho la atención que el protagonista-narrador-investigador de la historia de Berta sea un escritor y no una escritora. Parecería más lógico que siendo una autora la identificación entre ésta y la mujer que centra su peripecia metaliteraria fuera mayor. Sin embargo, reconozco que es un toque de originalidad muy de agradecer por parte de María García-Lliberós.
En "Babas de Caracol" existen dos tramas que se intentan interconectar, desde mi punto de vista, de manera algo desigual: por un lado, las andanzas de Pedro Ribera por descubrir detalles de la vida de Berta, y por otra, la biografía personal y sentimental de la propia biografiada. Confieso que a mí como lector me interesaron mucho más los dramas personales de ésta que las odiseas más o menos sentimentales o metaliterarías de Ribera. Entiendo que toda la experiencia de la creación del libro sobre Berta lo transforma por completo, haciéndolo mucho más sensible, obligándolo a reconciliarse con su lado femenino, pero, insisto, es un personaje que sin llegar a irritarme del todo, no me provocó demasiado interés.
Otro nivel de lectura de la novela que parece conveniente señalar es que a partir del personaje de Berta se hace un recorrido por la situación de la mujer española antes, durante y después de la Guerra Civil (hasta finales de los años 90). Pienso que desde este punto de vista, la novela funciona muy bien. En ese sentido, me parece alucinante todo el episodio de la sífilis, como la que sale perdiendo es la mujer, como se le da la vuelta a la tortilla y finalmente el marido-contagiador sale indemne y ella, Berta, aparece culpable no sólo ante la sociedad pequeño burguesa y provinciana sino ante su propia familia.
Me da la impresión que esta historia sólo podía suceder en Valencia, hasta tal punto que la localidad de Villacesu interviene como un personaje más en la trama, se siente como algo que está siempre presente pero que no invade ni molesta el devenir de la narración.
Los hombres no salimos muy bien parados en esta novela: Juan Nogales, mujeriego, mentiroso, manipulador…; Don Ramón, un pobre cobarde, que permanece escondido en su refugio, durante la Guerra Civil, etc. De todos modos, lo bueno de cada uno de los personajes que pueblan la novela es que no son arquetipos sino que demuestran una gran humanidad, en sus contradicciones, dudas, inquietudes… Es muy significativo, en ese sentido, toda la parte describe como se siente Don Ramón tras la muerte de su esposa o, por supuesto, el capítulo dedicado a la sepia con ñoras:
"Se acercó al puchero. Levantó la tapa. Olfateó. Tomó la cuchara de palo. Probó el caldo. Estaba en su punto. Meloso. "Cómo el de mamá" se dijo. Apagó el fuego y se quedó, de pronto, parada. Parecía una muñeca a la que se le había terminado la cuerda. Había hecho demasiada cantidad, casi para cinco personas. Tendría para toda la semana, aunque mañana viniera Rosa María y comiera sepia guisadas con ñoras. En ese instante, ante la olla, se percató de lo sola que estaba en el mundo, de lo inútil que era su actividad y, de forma involuntaria, le subió un nudo en la garganta."
Este párrafo demuestra que todo lo contado anteriormente, está enfocado, dirigido, tiene su sentido final en este punto de la narración. Por ese motivo, este fragmento me provocó una especial y profunda emoción.
De igual modo, me gusta mucho como se mantiene el interés en todo momento, sobre todo en los capítulos dedicados a los avatares de Berta. María García-Lliberós consigue ser sencilla pero a la vez su prosa está muy cuidada. Por eso, Babas de Caracol, es una novela que he leído en muy poco tiempo, posee una enorme capacidad de "enganche", pero también es muy "bonita" de leer, con una capacidad para emocionar realmente admirable.
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