Manel Haro (Registrado)
Ácido sulfúrico es una novela tan sencilla como
corta.
Amélie Nothomb aprovecha la historia del Holocausto para hacer una
dura crítica a los programas tipo
Gran Hermano o Supervivientes.
El programa pensado por la autora es un
campo de concentración con cámaras 24
horas. Las condiciones en las que tienen que vivir los concursantes son las mismas
en las que se encontraron los judíos. Este reality show cuenta con la permisividad
de los políticos y con las cotas de audiencia más altas de la historia (hasta el
punto que el 100% de la población en un determinado momento está pegado a la pantalla).
La protagonista de la novela, Pannonique, llega a dirigirse a los espectadores y
les increpa diciéndoles que son ellos los auténticos culpables de que ese programa
se está llevando a cabo. Entre los compañeros de Pannonique discuten quién tiene
más culpa de todos: los kapos -que les golpean y deciden quién debe morir-, los
organizadores del programa -por tan macabra idea-, los políticos -por permitir el
espacio- o los espectadores. Esa discusión es la que podemos trasladar a la actualidad,
con los programas de televisión de ahora y donde el morbo parece no tener límites.
La insensibilidad del espectador crece frente al ansia de ver sufrir al prójimo
(ver cómo padece hambre en una isla, ver cómo dos concursantes se enzarzan en una
pelea, etc.). Ni los escritores de ciencia ficción y aventuras más retorcidos de
hace décadas podrían haber imaginado una cosa así. Si levantara la cabeza
George Orwell (autor de
1984) o
Daniel Defoe (autor de
Robinson Crusoe)…
Amélie Nothomb plantea una reflexión sobre lo que estamos permitiendo
como espectadores. Lo que ahora nos parece extraño y aberrante -un programa que
imite los
exterminios nazis- en un futuro, quizá no muy lejano, puede que sea
factible. Ácido sulfúrico es un breve
relato que tiene más valor por lo simbólico que por lo que dice en sí, a pesar de
que Pannonique no duda en gritar al gran público lo que está provocando al dar audiencia
a ese programa.
Analogías y críticas al margen, la novela en sí es bastante fácil. Basta con escribir
un relato sobre el Holocausto con la diferencia de que se incluyen cámaras. Y lo
demás ya viene solo, sobre todo si tenemos en cuenta que el lector que lee este
libro, no se considerará espectador de los reality shows de actualidad,
por lo que habrá una rápida complicidad lector-autora. La relación entre los
personajes permite a la autora reflejar
la fragilidad y la
crueldad humana, pero sin llegar a pretender
que el lector se arranque a llorar ni nada por el estilo.
Ácido sulfúrico
es la excusa para que nos planteemos hasta dónde seríamos capaces de llegar y hasta
dónde será capaz de llegar
la televisión. Esperemos que ningún
día tengamos que decir aquello de "si Primo Levi levantara la cabeza…".
Manel Haro
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