Anika (Registrado)
Cualquiera que tenga un crío como mi pequeña Katia verá en el pequeño monstruito
a su propio hijo. ¡Dios, lo que me he sonreído! Era verla a ella: saltando en la
cama, pidiendo agua, saliendo de la cama no sé cuántas veces… Obviamente el libro
no está pensado para los padres sin embargo este detalle me ha hecho reflexionar:
por un lado el adulto, cuando lee el libro, se sonríe (y más con el final, difícil
de entender para los más críos porque es uno de los conocidos recursos de
Mario Ramos: el chiste) o se ríe y reconoce
en él a su inquieto hijo; por otro, el niño al que se le cuenta el cuento se reconoce
y posiblemente se ríe también; finalmente el niño lector disfruta de un cuento divertido
–sin aparente intención de enseñar nada, sólo reirse- y empieza a reconocer el idioma
inglés, y si me apuráis también sirve para aquellos niños más mayores que ya estudian
inglés y pueden utilizar el cuento para repasar o aprender.
Insisto en que es un cuento sin más ambición que la de divertirse y conocer o aprender
un poquito de inglés (o de español según la nacionalidad de quien lo lee), pero
he visto en él varias posibilidades de usarlo, y eso me parece estupendo. El padre
(o madre) se verá tan reflejado en el cuento como el niño inquieto, y sin duda el
chiste final es de los que a mí me gustan, esos que sabe hacer
Mario Ramos (otro ejemplo en “¡Mamá!”)
Anika Lillo
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