pilarlb (Registrado)
Me cuesta un poco situar esta novela dentro del género policiaco “típico”. Y digo típico porque no hay investigación, sólo acciones que no siempre se aclara qué las mueve. Está claro que la enigmática Pandora y las consecuencias que se derivan de su búsqueda llaman la atención, pero a partir de ahí la obra se centra en las partidas de cartas del protagonista, la vulgaridad y fanfarronería de Menéndez, la brutalidad con que los dos llegan a tratarse entre ellos y a terceros, los cigarrillos y gin-tonics a los que es adicto Julio Cabria.
La novela se sitúa en un barrio tradicional pero no aparecen escenas de barrio, sólo las que atañen a los protagonistas que, en ocasiones, parecen los únicos habitantes junto con el dueño del bar y un “Iluminado” que predica en la Plaza Tirso de Molina y cuyos mítines ocupan varias páginas.
Esta novela no creo que guste mucho a los aficionados a desgranar pistas, ayudar virtualmente en la investigación y resolver enigmas sin esperar a que el autor dé su explicación en el último capítulo. Pero sí gustará a aquellos lectores que esperan del género negro escenas de violencia, en ocasiones gratuita, matones a sueldo, trapicheos policiales, “vista gorda” ante pederastas y acción, aunque esa acción no siempre se planifica y cuesta un poco entender las conclusiones de los protagonistas para moverse en un sentido o en otro y actuar sin el apoyo de una brigada.
A mí, personalmente, los personajes no me han convencido y las circunstancias en que se mueven o toman decisiones, tampoco. El detective Julio Cabria se nos presenta como un hombre anodino, vulgar, ludópata, sin inquietudes… Y aunque esa descripción lo puede humanizar y acercar a la gente de “la calle” en mi opinión le falta alguna chispa, algo que lo haga atractivo y permita empatizar con un sujeto que no investiga sino que pregunta a golpes (de ida y vuelta) sólo habla con su hermano cura a través de la reja del confesionario o le importa poco gastarse el dinero de su única hija… Un personaje así es muy respetable, por su puesto, no todos los héroes de novelas han de ser excepcionales (no me refiero a eso) pero sí que para interesarse en una trama policíaca en la que el sujeto no investiga, ni aporta pistas hay que encontrar cierto vínculo con él, algún interés, algo tan simple como que el tipo se ría de si mismo, sea chistoso o que tras su indolencia exista un fondo interesante, ideas, ambiciones…
En fin, las opiniones son personales y dependen de lo que cada lector espere encontrar en un libro. Estoy segura de que lo que a mí me han parecido carencias sin duda alguna serán virtudes para otras personas. Los que se deleiten con escenas violentas, palizas, disparos y, en definitiva, acción, es probable que disfruten con la lectura.
Pilar López Bernués
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