Carlos Ferrer
En 1938, Franco fagocita para las diversas secciones de la cartera de Interior la estructura
informativa falangista, aunque en 1947 ya sólo permanecían en el gabinete franquista dos miembros
de Falange, la cual pagó la exclusión de España de la ONU y su talante liberal con su sustitución en
el poder por personas encuadradas en el conservadurismo político. Gabriel Arias-Salgado es definido
como «el Torquemada cultural del franquismo» por su dureza al frente del Ministerio de Información
y Turismo y su labor represiva durante los años 1941-1945. A este «integrista y ultraconservador»
le sucede en 1962 Manuel Fraga, que inaugura una época de «libertad vigilada» con un aumento
inclusive del número de censores. Fraga a su vez sería sustituido por A. Sánchez Bella (1969-1973)
con un mandato «calificado como un período de retroceso» y represión. Tras Sánchez Bella se
incorporaron al MIT varios ministros con una permanencia en el cargo más o menos efímera hasta la
muerte de Franco en 1975.
Desde 1977, el punto de mira de la censura es «la identificación del autor con el contenido, esto
es, el mensaje y la intención de al obra», anteriormente la censura era contundente y evitaba
cualquier atisbo de «exposición de las tesis contrarias», llegándose incluso a valorar los méritos y
cualidades literarias de las obras a censura, pero es obvio que los dictámenes de orden ideológico y
político son los más determinantes. Por entonces, la censura pervive merced a la consultas
voluntarias o depósito previo, herramientas censoras «indirectas y camufladas». Desde 1976 la
vorágine de cambios en los órganos ministeriales contrasta con el hecho de que la censura
mantenga su entramado y perviva como una censura previa.
G. Celaya, Blas de Otero, Jesús Munárriz, El Tebib Terrumi (cronista oficial), por citar algunos
ejemplos de este ensayo de Torrealdai, son objeto de objeciones de la censura, detalladas y
reproducidas merced a la transcripción de informes, palabras tachadas, juicios del jefe del Régimen
Editorial, centrándose, dentro del género literario, en la novela y la poesía. «La misión del censor
literario es idéntica a la del censor de prensa», se censura toda referencia a la propia censura, su
función y los textos o palabras censuradas. El término Euskadi sufre una auténtica persecución, así
como el de nacionalismo vasco, mientras que «el bilinguismo parece ser una situación admitida»,
siendo el tema de mayor trascendencia y atención el del separatismo. «La censura es consustancial
al Régimen» y era justificada por la proliferación de libros prescindibles, perniciosos y peligroso para
el pensamiento de la sociedad.
A destacar el índice de obras censuradas analizadas, la transcripción de los informes de los
lectores censores y las reflexiones al socaire de la autocensura del autor y del editor, logrando un
trabajo elogiable y sobrio. Como colofón, la cita de Amando de Miguel incluida en el libro : «la
censura era algo más que la supresión de palabras, párrafos, títulos o editoriales enteras. Era, en
definitiva, la expresión práctica del muera la inteligencia, del odio al pensamiento, la continuación de
la guerra con otros medios».
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