Fermina Daza (Registrado)
El alma del mundo
ha sido la novela finalista del Premio Primavera 2011. Una novela amable en su lectura, con una sensibilidad especial, conmovedora en muchas de sus páginas, desgarradora en otras pero sobre todo es una historia esperanzadora, hermosa, llena de vida en donde dolor, humor, amor, amistad y la lucha por enmendar pasados se dan la mano. Yo agradezco que el autor haya elegido a esta pareja de ancianos como protagonistas. Pocas son las novelas que se acercan para diseñar historias que hablan de los "olvidados" mayores. Y me gusta encontrar novelas con recorridos vitales así de largos, cargados de experiencias, del peso de los años, de los errores y los aciertos. El poder encontrar la lucha por ser feliz sea cual sea la edad en la que uno se encuentre.
La historia individual de cada uno de ellos no es más densa ni más interesante que la de Ilona, a pesar de ser ésta una mujer todavía muy joven, conoceremos un recorrido vital muy, muy largo.
El puzzle que fabrica el autor con la relación de este triángulo de personajes muestra la biografía individual de cada uno de ellos. Los tres saben bien lo que es vivir con los silencios, lo no dicho, lo no expresado, lo imaginado, lo dado por hecho, las verdades a medias, lo esperado, lo negado. Son vidas bruñidas por mentiras supuestas, por verdades no reveladas en su momento. Y todo esto, el lector lo irá conociendo simultáneamente con los personajes.
Ilona pasa las mañanas con Clea Ross, humor no le falta, cinismo, ni un carácter difícil que se irá modulando a medida que es capaz de contar parcelas de su vida a Ilona; al tiempo ésta va destapando su pasado y su vida.
Las tardes son para Otto, que en los primeros días al conocer el oficio de lutier de Ilona, le encarga durante el tiempo que pasen juntos fabricar a cuatro manos un chelo. Estas horas generarán igualmente una relación particular entre ellos. Ilona escucha y calla cautelosamente las vidas que se le van contando pero al mismo ritmo irá destapando el hermetismo con el que comenzó a estar con ellos y... lo que son las cosas, la cuidadora será la cuidada.
Alejandro Palomas
ha hecho un homenaje a los mayores por la capacidad para hablar de la muerte, de la vejez, de esa etapa final en la que sobra tiempo paradójicamente, de cómo en la vida existen las segundas oportunidades, de que la lucha por encontrar un sitio en el mundo es necesaria decidiendo, no reduciendo la vida a las eternas esperas y que "compartir el dolor es como afinar el corazón" y se consigue que hable el alma.
El autor, que utilizó la música como nexo entre los tres personajes, ha conseguido afinar con su manera de contar una novela merecedora del premio. Fermina Daza
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