Fernando Martínez Gimeno (Registrado)
Llega a mis manos y a mis ojos este título de Jack Ketchum y lo primero de todo, hay que felicitar a la editorial por atreverse a publicar en España la primera versión del texto, sin recortes, que como veis en la ficha y el propio Ketchum comenta en un Anexo de la novela, se le hicieron casi 20 años más tarde. ¿Y por qué? Pues por su lenguaje tan violento y tan directo en todas las escenas que describe. Así de claro y así de sencillo. Ketchum no elabora unas escenas con florituras ni con metáforas para que seamos nosotros quienes nos montemos las imágenes. No, si hay que cortar lo hace y los párrafos chorrean sangre por todos lados. Y es que, sin tapujos, aquí hay canibalismo puro y duro, escenas de violencia con todo lujo de detalles, en algunos momentos los personajes que forman la familia parecen haber sido escogidos para películas como Las colinas tienen ojos. Salvajes, crueles, supervivientes al fin y al cabo y simplemente porque ha sido lo que han visto desde niños. Los personajes de la ciudad, pues meros títeres en manos de estos salvajes que no van a otra cosa que a saciar su hambre. Por su primera edición, incluso añadiría a La Matanza de Texas como otra referencia más clara. Eso sí, la portada ya nos anuncia que habrá dentro, pero las 100 primeras páginas nos harán pensar que estamos equivocados y que nos están contando la historia de unos amigos que van a una cabaña a pasar unos días de asueto. Es a partir de esa página 100, el escritor agarra el machete y se lanza a una espiral de violencia como pocas veces había leído. He podido leer después otro de sus libros, Al Otro Lado del Río, una novela corta ubicada en el Oeste y según me han comentado de La Chica de al Lado, veo que esta manera de escribir y expresarse es signo de identidad de Ketchum. Y es que hay que tener estómago para leerlos. Añado que si te gustan películas como Saw, Hostel o Las colinas tienen ojos, este libro no puede faltar en tu estantería, ya que posiblemente haya servido de referencia para los guiones de algunas escenas de estos títulos. Y si no es así y eres amante de un terror más light, pues por una vez entra en esta historia y léelo con tranquilidad: seguro que sales con otra manera de pensar al cerrar la última página. Atrévete. También nos llega con un pequeño relato al final que se podría determinar como una pequeña continuación de Al Acecho antes de meterse en una segunda parte que espero con ganas y que se titula OffSpring. Ojalá no tardemos 30 años en tener esa continuación para poder leerla. Fernando Martínez Gimeno
|