Joseph B. Macgregor (Registrado)
"¿Cómo entender el dolor de los demás? ¿Estamos dispuestos a asumir esa carga? No
creo que sea posible (Lisa)". Estoy de acuerdo con Lisa. Cuando
alguien cercano a nosotros sufre una desgracia grave ¿llegamos a sentir la suficiente
empatía con esa persona que sufre? ¿Conseguimos entender por completo su pena?...
Y sobre todo ¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Cómo acompañar? ¿Cómo respetar ese dolor?
¿Cómo tomar la distancia adecuada? A mí me sucede. El drama de los demás me pone
nervioso, me desestabiliza, me inquieta… no sé que decir, cómo consolar, cómo estar
al lado del que sufre el dolor de una desgracia. Opto siempre por el cariño, abrazar,
no decir apenas nada, sonreir… mostrar mi apoyo, pero ¿es eso suficiente? ¿Sirve
realmente para algo?
Lisa y Frederick han perdido a su hijo pequeño y Birgitte se siente incapaz de entrar
en el drama de su amiga, observándolo siempre con distanciamiento, adoptando el
papel de voyeur de una tragedia de la que se siente desplazada, una extranjera
en tierra de nadie, en la que nunca llega a implicarse emocionalmente. Ella misma
se pregunta muchas veces sobre el sentido de permanecer junto a su amiga. Pienso
que está bloqueada emocionalmente debido a su reciente fracaso sentimental. Es un
personaje muy interesante, está buscando todo el tiempo, está buscando algo… pero
no lo encuentra. Ni siquiera consiguen satisfacerla los encuentros sexuales que
tiene con algunos hombres. Una auténtica extranjera, versión femenina del Meursault
de Camus.
Lisa es una mujer dolorida. Su dolor viene motivado no sólo por que
no puede superar la muerte inesperada
de su hijo pequeño sino también porque se siente defrauda porque la persona que
ha matado al crío no aparece, no da la cara. Ella lo ha dado todo por su comunidad
y ahora el asesino de Gustav permanece escondido, oculto, entre los residentes de
la pequeña localidad danesa.
La acción avanza lentamente, aunque
Ida Jessen no es una narradora densa
sino al contrario muy sobria. Puede incluso parecer algo fría, aunque en realidad
como Brigitte es quien narra la historia en realidad, pienso que la autora intenta
trasmitirnos ese distanciamiento, su falta de implicación. No es que la novela sea
fría, lo es su personaje.
Lo mejor de todo se lo reserva para los últimos capítulos. De alguna forma, todo
lo contado anteriormente está encaminado a ese desenlace. Todo estalla en una escena
realmente brutal, angustiosa, de suspense gradual en la que Lisa interroga a los
presuntos autores de la muerte de su hijo. El dolor ha transformado a Lisa en un
ser que a mí al menos se me antojaba monstruoso, cruel…
Es realmente espeluznante el nivel de presión que llegué a sentir como lector durante
esa "secuencia". Realmente muy fuerte. Ella sólo encontrará la paz cuando encuentre
a alguien que confiese "su pecado". Ni el mejor Bergman supo hacerlo mejor.
Es una maravilla el pulso narrativo que mantiene
Ida Jessen a lo largo de la novela,
la belleza absoluta de su lenguaje, las reflexiones tan profundas que la lectura
de este hermoso libro te motiva.
Joseph B Macgregor
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