Joseph B. Macgregor (Registrado)
Lo de Lucía González Lavado es
absolutamente admirable. En sólo tres años, esta joven autora extremeña ha conseguido
publicar… ¡¡¡ocho libros!!!. Su intensa actividad literaria incluye la pentalogía
de fantasía épica Hijos del dragón
(cuyo ultimo título saldrá en noviembre), la trilogía
Historias de Eilidh
(de la que acaba de publicar también el segundo título:
Las Puertas Secretas) pensada para el público infantil
y Lo que esconde el espejo,
además de muchos relatos publicados en distintas revistas literarias tales como
Aurora Bitzine o El navegante.
Pero es que además actualmente se encuentra además inmersa en gran cantidad de proyectos:
la creación de Crónicas de sombras I. Los espejos
de Runahed, primer título de una nueva trilogía fantástica
con toques de ciencia ficción y terror; está pendiente además de confirmar la publicación
a principios del año que viene de Luz en las
sombras I. El paso del guardián, primer título de una saga
fantástica infantil-juvenil de la que tiene proyectada escribir dos volúmenes; en
noviembre de este año, Lucía publicará en Italia un libro inédito que se traducirá
al italiano, japonés e inglés… y estos son sólo algunos de los que tiene en preparación.
Hasta el momento, la mayor parte de sus novelas podían encuadrarse dentro de la
fantasía épica pero en esta última
Lucía González Lavado
ensaya un cambio de registro y se atreve con un género diferente: el de la fantasía
romántico- parasicológica, que es cómo se llama a un tipo de novela para y protagonizada
por adolescentes - poco frecuente en España, no así en otros países - en la que
aparecen además seres sobrenaturales. Así en “Las criaturas de la noche” podemos
encontrar a una serie de
personajes de entre 17 y 20 años que
deben enfrentarse a espectros,
gárgolas vivientes, estirges, malvadas diosas sedientas
de energía, ángeles o demonios. Pero no sólo eso sino que incluso
algunos de los protagonistas principales (los Hermanos Mallister) poseen una serie
de características sobrenaturales que los convierten en unos malditos y que ha trastocado
por completo sus vidas.
Pero “Las criaturas de la noche” no
me parece una novela de terror juvenil al uso. En ese sentido pienso que este libro
tiene muy poco que ver con la serie “Crepúsculo” o similares. Comparte eso
sí con esta saga el que los personajes son adolescentes, van al instituto o estudian
en la universidad, tienen los mismos problemas que cualquier joven de su edad y
sufren y padecen por amor, atrapados en un auténtico laberinto de pasiones, pero
aquí terminan las similitudes. De hecho, aunque aparecen
vampiros, éstos no tienen absolutamente
nada que ver no sólo con los creados por
Stephenie Meyer sino con cualquier otro
vampiro literario, cinematográfico o televisivo que hayamos conocido antes. En ese
sentido, los Hermanos Mallister rompen con la imagen habitual que tenemos de estos
seres sobrenaturales ya que poseen unas características propias muy peculiares que
los convierte en sumamente originales y atractivos para
el lector principalmente juvenil al
que va dirigido este libro. Es más ni siquiera pueden ser considerados exactamente
como vampiros. En su caracterización e idisioncracia está muy presente además la
mitología. Así la maldición que viven los protagonistas o las amenazas
a las cuales deben hacer frente están provocadas por la acción de dioses malignos
sedientos de energía vital, expulsados del Inframundo.
Encontramos además mucho(s) misterio(s), grandes dosis de suspense y acción a raudales
siendo en este último apartado (las escenas de acción) en el que
Lucía González Lavado
se mueve con mayor soltura y eficacia, logrando momentos sumamente emocionantes.
La combinación - en general bastante equilibrada - de todos estos elementos (misterio,
suspense, acción, romance…) deriva en una mezcla explosiva que no deja para nada
indiferente al lector captando enseguida el interés desde prácticamente las primeras
páginas.
Señalar también el enorme peso que ejerce el pasado en las conductas de todos los
personajes de la novela, tanto en lo más principales como en los
más secundarios. Cada una de las reacciones, conflictos, bloqueos, angustias, miedos…
que experimentan estos tienen su origen en algún hecho del pasado que los marcó
profundamente. Así, en muchas ocasiones algunos de ellos se nos muestran como demasiado
impulsivos, reaccionando al instante, sin pensárselo dos veces, con rapidez y como
consecuencia no siempre con eficacia. De hecho, es precisamente ese permanente estado
de alerta en el que viven el que hace que en algunas ocasiones se metan en más líos.
Considero además un acierto el que cada uno de los capítulos aparezca introducido
por citas de un libro imaginario llamado Las entrañas de Aine escrito por
William Ashgor a partir de “experiencias reales” y que resulta ser el
favorito de Dairine. No se trata de un recurso gratuito sino que todas estas citas
obedecen a una razón, tienen una enorme importancia en el desenlace de la historia;
desenlace relativo ya que la novela en realidad no concluye en el último capítulo
sino que deja el terreno preparado para una segunda parte. De hecho, no todos los
enigmas ni todos los conflictos quedan resueltos por completo al
final sino que más bien da la impresión de que en realidad las aventuras no han
hecho más que comenzar.
Joseph B Macgregor
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