Fernando Martínez Gimeno (Registrado)
Cuando leí el argumento de Illius, supe que tenía que leerlo. Que era una de esas historias que no me iban a dejar sin huella. Y acerté. Nos encontramos ante una novela que en unas primeras palabras se podría calificar de adictiva, muy rica en matices y sobre todo y llegando al final, muy desconcertante. Lo digo porque una vez leamos la parte principal de la historia y lleguemos a ese final, deberemos plantearnos seriamente si hemos entendido lo que hemos estado leyendo o deberemos darle algunas vueltas, ya que lo establecido salta por los aires. Los personajes que circulan por el libro, tanto los protagonistas como aquellos que participan de modo más indirecto en los hechos son personajes muy profundos, algo extraños y sobre todo llenos de demonios e historias particulares bastante personales. De los dos protagonistas iremos conociendo cómo es su día a día particular y cómo afrontan su aventura detectivesca a través del encuentro fortuito de un carrete no revelado años atrás. Todo ello con enlazado con una estructura compleja y que contiene detalles muy inquietantes. Se podría pensar que es una historia sobrenatural, con fantasmas, y acertaríamos tras leer el argumento, pero no sería del todo cierto, ya que en mi opinión es una historia de personas y bien reales. No oculto que Illius es todo un reto de lectura, de eso que a los que leemos mucho nos apetece encontrarnos de vez en cuando y que ayude a zarandear nuestra cabeza, haciendo que no se nos dé todo hecho y rehecho si no que, como digo al principio, una vez lleguemos a la parte final veamos si lo establecido por nosotros es lo correcto o las cosas cambian. Y recomiendo una segunda lectura del libro, no hace falta volverse a leer la parte final, sabiendo lo que sabemos. Concluyo afirmando que Raúl Ansola construye la historia con una prosa propia y que arriesga y mucho con su estructura lo que hace que tenga un carácter muy personal toda la novela. Y no solo arriesga él, si no la editorial. Pero ya se sabe el dicho: “Quien no arriesga, no gana” y la verdad es que así se ha hecho.
Fernando Martínez Gimeno
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