Joseph B. Macgregor
Es increíble como en pleno siglo XVIII, un tipo inventa la escritura automática, unos relatos de lo más surrealistas, en donde se demuestra que la coherencia no tiene porque ser una característica esencial de un relato breve: Walpole empezaba a escribir sin saber lo que iba a pasar a continuación ni cuando y como iba a terminar sus historias. Pero esto no significa que sus cuentos fueran un entretenimiento tan inocente como parece, sino que también hay en ellos una clara intención crítica, bastante demoledora y mal intencionada, hacia la sociedad a la cual pertenecía.
Los cuentos son absurdos, incoherentes, donde lo extraordinario se alterna con lo sorpresivo. Me han parecido muy divertidos, llenos de fantasía y también un poco extraños. Algunas cosas son tan surrealistas que me costaban imaginarlas: por ejemplo un príncipe que está muerto pero que quiere casarse con la hija del rey, una joven que no existe.
Un libro muy entretenido y absolutamente demencial. Libro baratito y muy corto, que se lee en un plis-plas y que me ha encantado descubrir.
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