Ariodante (Registrado)
La novela se divide en dos partes: antes del juicio y durante el juicio. Es notoria la procedencia del autor, que se mueve en el lenguaje legal como pez en el agua (nunca mejor dicho). Los diálogos son ágiles y aunque el estilo es directo y absolutamente realista, sin vanguardismos ni saltos atrás, en fin, una novela al modo tradicional. Su rapidísimo éxito le hizo ser llevada al cine, de la mano de Otto Preminger, en 1959, película que sigue bastante de cerca de la novela y que contribuyó, a su vez, a publicitarla.
Defender a un inocente es muy distinto a defender a alguien que él mismo reconoce haber cometido un crimen
. Pero para un abogado que se precie, es todo un reto. Y para un abogado que lleva años fuera de circulación, aún más todavía. Por eso en la primera parte se trata de hacernos comprender cómo un abogado se puede sentir atraído por un caso como éste. Y también de colocarnos en el escenario de las leyes norteamericanas, donde la presunción de inocencia es un presupuesto legal y un hecho.
El autor, por boca del juez Weaver resume el interés de la novela: “Soy un entusiasta de los procesos de asesinato. (...)Me siento fascinado por el enorme drama que encierra en sí un proceso de asesinato, por el acusado que pugna por defender su libertad y cuyo esfuerzo va dirigido a restar importancia a los hechos, por el ministerio fiscal, esos maestros en hinchar los acontecimientos, que luchan con brillantez para conseguir el triunfo, la fama, para tener más clientes, mayor reputación política o cualquiera sabe por qué, y por el jurado, que es una veleta que gira hacia esa o la otra dirección; incluso por el mismo juez, que intenta por todos los medios saber quién tiene razón y al mismo tiempo comportarse con decoro.” Y la respuesta de Biegler: “Si, señoría. Ningún otro espectáculo puede igualarse en intensidad. En esta clase de dramas, no sólo puede concluir bruscamente la representación, sino que además los actores principales pueden perderlo todo si fallan.”
Asistimos, pues, al desarrollo del juicio en la segunda parte, y a las investigaciones paralelas que Biegler y su ayudante siguen continuamente haciendo, en un esfuerzo supremo por ganar el juicio, en una especie de competición casi deportiva con el fiscal, al que quiere ganar esta partida. Da la impresión de que el libro se ocupa más del tema legal como una especie de juego, de deporte, que del aspecto moral, que soslaya. Que el teniente Manion haya matado un hombre (¡se matan tantos en las guerras...!), que Laura Manion haya sido violada o no, (¡ocurre tan a menudo!), parecen ser asuntos menores, porque los abogados, el fiscal y el juez, todos parecen estar siguiendo los tiempos y las normas de un partido en el que lo que importa es ganar o perder, y por supuesto, jugar. Esta es la idea que creo que se desprende de este libro, que aun así, es interesante y de una trama amena, si bien en algunos momentos resulta algo farragoso.
Ariodante Diciembre 2009
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