Pilar Alonso (Registrado)
Nora Roberts
nos tiene acostumbrados a excelentes historias en las que el romance y sobre todo la intriga se dan la mano. Y esta novela es una muestra más de ello. El romance se inicia pronto, como casi siempre, porque no es lo único importante de la trama y es un asunto que deja más o menos resuelto en los inicios para poder desarrollar con más detalle la parte de suspense. No es que en la cuestión romántica ya esté todo dicho, ni mucho menos, pero sí es cierto que la autora no se demora en exceso a la hora de presentar a los dos protagonistas. En esta ocasión el romance no sólo abarca a un hombre y una mujer, también a una mujer con una casa y con un pasado, de tal modo que el lector termina enamorándose también de ese edificio que se está restaurando, de cada detalle que es capaz de imaginar y colocar en su lugar e incluso, los más osados, de arreglarla a su gusto. Y la novela es capaz de contagiar la pasión que siente la protagonista por cada pedacito terminado, hasta el punto que uno mira las paredes de su salón y comienza a preguntarse si no le vendrían mal unos cambios, aunque sólo fuese una mano de pintura. La relación entre los dos protagonistas va creciendo al ritmo de la casa en una armonía casi perfecta, para terminar fundiéndose al final sin perder ni la melodía ni el paso. Pero Nora Roberts domina también el arte del suspense, de mantener en vilo al lector hasta el final, de crear situaciones tensas y dramáticas y conseguir que todo cuadre, que no quede ningún cabo suelto, que todo fluya con naturalidad hasta el desenlace. Un ritmo excelente, unos diálogos fantásticos y una historia adictiva son los elementos que yo destacaría de esta novela, ideal para un fin de semana en casa. Pilar Alonso
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