Ariodante (Registrado)
Una novela redonda, de gran calidad literaria e histórica, a la vez que humana. El autor va alternando el relato/recuerdo de sus épocas pasadas, de su actividad política al lado de poderosos, sobre todo su amistad y lealtad a Don Pedro, Duque de Osuna, virrey de Sicilia y de Nápoles, adonde Quevedo le siguió como amigo, como consejero, como privado, e incluso como espía, y como su valedor ante la Corte de Felipe III. De su amistad dice: “Éramos cómplices, imprudentes, teníamos posturas semejantes sobre las enfermedades del reino y necesitábamos saborear el riesgo para sentirnos a placer”
Su otra gran amistad, duradera hasta la muerte, con el Duque de Medinaceli y su esposa. Sus encuentros con Juan de Mariana, sus diatribas con Góngora y su defensa de Lope de Vega; de su actividad literaria y satírica, sus relaciones en la Corte, con los diferentes validos y privados, con los reyes, etc. También sabemos -poco- de sus dos grandes amores: Mariana, en Selinunte, y la pintora Cristina de Morais, en Lisboa. Y de su desafortunado y brevísimo matrimonio. Y a la vez nos cuenta, le cuenta a su sobrino, de su hora presente, de sus dolencias, sus desalientos, sus esperanzas: “Es el dilema al rozar la vejez, cuando un amargo cansancio te hace contemplar todo como si fuera horrible, cuando la carencia de pasión en tu cuerpo te alerta, y penas y contienes el llanto porque te avergüenzas al hacerte anciano”.
Comienza el relato al salir de la prisión en la que permaneció cuatro largos y terribles años, en el Convento de San Marcos, en León, adonde fue a parar sin conocer su acusación ni a su acusador. Y acaba con su muerte, poco después de referirnos cómo conoce el nombre de su delator, del supuesto amigo que le traicionó. Esos años en la prisión le desmoronaron física -ya tenía cerca de sesenta años- y moralmente. Y a partir de ahí Quevedo, por boca de Baltasar Magro, va desgranando historias pasadas, poemas, reflexiones, opiniones políticas sabrosísimas, a veces muy actuales... “Quiero seguir cuidando el bien más preciado que poseo, mis pensamientos, el tesoro que nadie puede quitarte si lo proteges como es debido”.
Un libro que deleita por el lenguaje con que está escrito, que informa sobre la época, y que nos hace partícipes de los sentimientos de un poeta y un guerrero, un amante y un solitario, un fiel amigo, y, sobre todo, un hombre. Ariodante Diciembre 2009
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