Joseph B Macgregor (Registrado)
Tenía ganas de leer esta primera novela de Javier Márquez Sánchez después del buen sabor de boca que me dejaron sus dos anteriores obras: Rat Pack: Viviendo a su manera y Elvis corazón solitario. En ambos ensayos biográficos se evidenciaba una implicación total por parte del autor en los asuntos tratados y una entrañable complicidad con los personajes biografiados. Se trataban, por tanto, de unos textos en los que se podía apreciar una curiosa mezcla entre el afán divulgativo de Márquez y sus intenciones de hacer (buena) literatura. Por eso, cuando me enteré que iba a publicar su primera novela quise leerla enseguida por confirmar mis sospechas de que nos encontrábamos con una excelente narrador-periodista y no con el típico periodista-narrador. La experiencia, en ese sentido, no ha sido para nada decepcionante. En primer lugar me parece muy original todo el tema de la película "diabólica". De hecho, me quedé con la duda de si la leyenda que se cuenta en el libro es cierta o inventada. Por otro lado, el planteamiento y descripción de las escenas sangrientas (rituales satánicos o descripción de los cadáveres por ejemplo) o de acción (persecuciones, enfrentamientos con los "pillos") tienen muchísima fuerza; confieso que algún ritual satánico consiguió inquietarme bastante. Quizá alguien pueda pensar que así como el personaje de Cushing está muy conseguido no sucede lo mismo con Carmachiel y Logan. Son sólo policías a los que cuesta encontrar algún rasgo en ellos especialmente sobresaliente. Parece que intentan cumplir con su labor llegando a tener un papel bastante secundario en la trama. Y aunque es cierto que de Carmichael se nos cuenta parte de su pasado, así como de Logan, y se reflejan además manías y costumbres de cada uno de ellos, desde mi punto de vista la presencia de Cushing es tan fuerte a lo largo de la novela que finalmente consigue ensombrecerlos un poco. Esto no quita que la oposición entre maestro y aprendiz funcione a la perfección, estableciéndose entre ellos una relación de carácter casi paternofilial que considero muy conseguida. Uno de los mayores aciertos de Márquez es que, capítulo a capítulo, comparte con nosotros un mundo propio de lecturas, cine (The Devil Rides Out (1968) de Terence Fisher como influencia más clara), e incluso cómics de terror (algunas escenas me evocaron las que aparecían en cómics de terror de mi adolescencia como Creepy o Rufus), sabiendo manejar la intriga magistralmente en todo momento así como la elección de escenarios reales o británicos, que se nota que conoce muy bien de primera mano, lo que ayuda a que se nos antojen tremendamente fidedignos. Pero está profunda cinefilia de Javier no sólo se refleja en temas, situaciones, diálogos o personajes - es decir en homenajes o guiños al buen aficionado al cine de terror clásico- sino también en el estilo narrativo del autor que se nos evidencia como muy visual. Márquez plantea su novela como una película, siguiendo la estructura de un guión cinematográfico, con un gusto escrupuloso por el detalle no sólo a la hora de describir escenarios sino incluso en los diálogos que mantienen los personajes en lo que se nos cuenta absolutamente todo lo que hacen: "el profesor se rasca la cabeza, fuma en pipa y mira al detective" (no cito textualmente, pongo sólo un ejemplo para que se hagan una idea de lo que digo). La mente del lector se convierte así en una pantalla cinematográfica en la que se van proyectando cada una de las escenas o situaciones descritas a lo largo de la novela con precisión milimétrica. Personalmente, en algunos momentos me habría gustado una mayor capacidad de síntesis narrativa pero es cierto que Márquez tiene ese estilo de contar las cosas, muy coherente con sus objetivos e intenciones, con sus influencias y su formación cinematográfica y literaria. "La Fiesta de Orfeo" es una novela muy entretenida, que se lee en un par de tardes porque tiene una "peligrosa" capacidad de enganche, con la que los cinéfilos- yo también lo soy ¿qué pasa? - van a disfrutar como enanos ya que posee una fuerza emocional y evocadora impresionante. (c) Joseph B Macgregor
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