Ariodante (Registrado)
El eco trágico de la célebre sentencia de Ortega y Gasset (“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”), incluida en las Meditaciones del Quijote (1914), puede darnos la pista de hasta qué punto la circunstancia del ser de España y el temperamento de Larra se unieron para cargar el arma que acabó con su vida a la edad de 28 años. ¿Qué le indujo al suicidio? La melancolía, “pero de aquellas melancolías de que solo un liberal español en estas circunstancias puede formar una idea aproximada.” (El día de difuntos de 1836. Fígaro en el cementerio). Su breve existencia entre los mortales no es óbice para que consume una obra literaria fenomenal; una producción rica en contenido, generosa en géneros literarios, distintiva de su época y, a la vez, precursora de las letras españolas que le suceden (el costumbrismo, la Generación del 98, entre otras tendencias y movimientos literarios).
Valga un botón de muestra de su temperamento literario y humano: (....) Que el ladrón que malamente mató a alguno sin clemencia, y el que calumnia al ausente muera en la horca por sentencia, y el que vive de lo ajeno, bueno. Pero que por sólo idea Y pensar yo así o asá Ahorcado también me vea Como el otro que asesina, Sin hacer a nadie mal, Eso es harina De otro costal. (QUE ES FORZADO QUE CADA HOMBRE...final. Pág. 453, tomo II)
Autor de cientos de artículos periodísticos (hizo famoso el pseudónimo utilizado en este menester: Fígaro), puede ser considerado, en la práctica como el creador del género. Firma la famosa novela El doncel de don Enrique el Doliente, la obra de teatro Macías el enamorado, así como una inagotable producción de poemas, cartas y notas críticas. Decimos “inagotable”, mas no “inabordable”.
Atrás quedaron los tiempos en que tener acceso a Larra quedaba reducido a poseer una rústica y escueta edición de Vuelva usted mañana y otros escritos. El valor y la relevancia de este autor clásico español merecen mucho más que un libro de divulgación, de compilación, de bolsillo. La edición total de los textos de Larra, de la que aquí damos noticia, es, sin duda, una obra necesaria. Una correctísima edición y presentación, que todo buen amante de los clásicos españoles debería tener en casa. Ariodante Diciembre 2009
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