Esther Gassol (Registrado)
Este libro no es propiamente una novela. Podría decirse que es un relato largo aunque esto no le quita ningún mérito. A Gertrud Kolmar le gustaba describir los pequeños detalles (el olor de las rosas, los copos de nieve en el zapato o el vuelo de un pájaro) que rodean a sus personajes y aunque, al principio, a estos nos los presente a grandes rasgos, a medida que avanza la narración se van volviendo más intensos.
La que nos adentra en la historia es la institutriz, de la que no llegaremos a conocer el nombre, una mujer judía que tiene a su cargo a Susanna y que es quien, en primera persona, nos descubre poco a poco a la protagonista y todo cuanto la rodea.
Susanna, es una joven de belleza deslumbrante pero mentalmente perturbada.
Es un espíritu libre, sin maldad, que solo es capaz de ver la belleza de este mundo pero que vive semirecluida por su tío y tutor.
Ese afán por escapar del destino al que se ven sometidas (la institutriz es judía y huye de la amenaza del nazismo; Susanna de la dependencia a la que la somete su propia incapacidad) las une en un hilo de invisible solidaridad que se mantendrá hasta el final del relato. Para la institutriz, Susanna es un enigma, no tanto por estar perturbada, si no porque se atreve a vivir, disfrutando de lo que la vida le ofrece aunque sea poco.
La institutriz se enfrenta a sus propios sentimientos para hacer frente a la personalidad arrolladora de su pupila quién pretende vivir una historia de amor sin importarle las consecuencias. Pero Susanna no es libre para hacer lo que desea porque vive en una sociedad represiva que la condena a ser diferente por su incapacidad (en claro paralelismo con la institutriz, condenada a ser diferente por ser judía) y que nos hace preguntarnos que tal vez no es Susanna la que no está preparada para esta sociedad si no que es ésta en si la que no está preparada para personas como ella.
Es un libro que se lee de una tirada, con una trama sin altibajos que nos conduce lentamente a un final poco previsible y que nos transmite el estado de ánimo de la escritora, una mezcla de perplejidad y asombro por la belleza que contiene la vida así como desesperanza e impotencia ante la destrucción de toda esa belleza.
Las ilustraciones de David Sánchez acompañan perfectamente el texto, sin invadirlo, como si fueran pinceladas dejadas caer de vez en cuando.
Me ha gustado que se incluya un apartado con notas bibliográficas de la autora, no muy conocida en este país, para introducirnos en su vida y su obra. Esther Gassol
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