Anika (Registrado)
David Jasso
está de enhorabuena. Viene con su Ignotus del año pasado (2009) con “Días de perros”, le reeditan (¡bravo!) “La silla” y publica su tercera novela importante al mismo tiempo. Y es que “Feral” es algo así como asentarse en un nivel superior en el que ya puede empezar a tener buenas y grandes expectativas de futuro. Sabemos que aún tiene mucho por sacar y que, incluso, mejorará con el tiempo, pero ya ha alcanzado un puesto admirable entre sus lectores. Me incluyo. A pesar de que mi obra favorita es “La silla”, debo reconocer que he disfrutado muchísimo con “Feral”. Casi podría decir que están en la misma línea de nivel de disfrute. “Feral” es pura acción. Bajo un ambiente de ciencia-ficción, Jasso nos narra una historia de horror y crueldad, llevando al límite a los personajes así como a las consecuencias de sus actos. Eso nos tiene inevitablemente aprisionados en su lectura, y es que si sabe hacer algo muy bien este autor zaragozano es engancharnos en las primeras páginas. Y como no podía ser menos, los malos, los más malvados, son siempre los mejores perfilados. Curiosamente y a pesar del horror que nos producen los ferales o los mutantes, será un humano el que más nos aterrorice interiormente. Esa capacidad para hacerte dudar de tu propia raza y ponerla en nivel de crueldad por encima de los demás es un punto fuerte de Jasso en “Feral”. No puedo dejar de hablar de los perfiles psicológicos de estos “malvados” de Jasso porque para mí son uno de sus mayores méritos. Si ya he nombrado a cierto humano como ejemplo del extraordinario talento de Jasso para hacernos rabiar, debo mencionar también otro perfil psicológico de “Feral” que me ha resultado de lo más interesante: el feral enfermo. En nuestra sociedad enfermo es el que desea matar, descuartizar, extinguir vidas… en la sociedad feral el enfermo es el que siente deseos de liberar, salvar vidas, no matar. Jasso juega todo el tiempo con nosotros presentándonos a uno de estos ferales y en ningún momento nos aclara si al final será un as en la manga –como podemos suponer- o no. Habrá que leer la novela para saber hasta qué punto las dudas del feral enfermo tendrán que ver en la resolución final de esta historia. Además, en contraposición a esta actitud feroz y malvada de los ferales tenemos la inocencia general de los habitantes de Runa, especialmente la de los jóvenes, que pasan por adolescentes viviendo en una burbuja donde no existe nada fuera de lo corriente, nada tan malo que les pueda hacer pensar en problemas más allá de a quién dar su primer beso o qué tal será su primer día de trabajo. Los más adultos, como es el caso de Helecho, también tiene varios momentos inocentes que combina con otros de carácter más adulto, pero en su corazón está el bien: “el fondo” es lo que importa. Por ello todos los habitantes de Runa excepto uno son seres de apariencia “felices e inocentes”. Esto a su vez crea un momento en la novela que me cuesta más asimilar, y es el cambio tan drástico que vive Marea, la joven protagonista, en su actitud. Al perder a cierta persona de su lado y participar en una lucha rápida a vida o muerte, pasa de ser una niña llorona a una matona cínica. Suena algo increíble, pero no porque no pueda ocurrir, sino porque el cambio es demasiado drástico, y sabemos que Jasso podría haberlo hecho mejor, convertir esa progresión en algo más pulido, más fino, algo en lo que no nos hubiéramos fijado. No obstante el cambio era necesario aunque en el resto de la novela se combinan la rabia interior, las ganas de luchar y el miedo por la situación. Fuera Clint Estwood, vuelve Marea, más real, más única, la que se debate entre la venganza, el amor y el terror a partes iguales. Y puesto que de personajes trata esta novela y el horror en cada (y de cada) uno de ellos, no se puede finalizar sin nombrar a los mutantes. Si los ferales –algo así como Predators- son la gran baza de “Feral”, su necesidad de morir en la batalla con contrincantes semejantes o superiores les lleva a realizar la barbaridad más grande imaginada: esta parte, en la que aparecen los mutantes, es absolutamente bestial. “Feral” no deja respiro, tiene acción y terror, mucho terror, lo suficiente como para no olvidarlo, pero tiene más cosas, tantas que hablar de la novela llega a ser también un placer. Tan espeluznante como entretenido. Anika Lillo
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