Verónica Butler (Registrado)
Hace mucho que una novela no me conmovía de la manera en que lo ha hecho ésta, haciéndome derramar lágrimas en algunos pasajes. El autor sabe tocar la fibra sensible, sin extravagancias y con increíbles paradojas en la narración, de una exquisitez maravillosa.
En pocas páginas te metes en la piel de un hombre que se siente culpable por no haber podido salvar a su pequeño y que cae en el dolor dejándose arrastrar por él.
El personaje de Giulianna, la madre, me recuerda a las grandes matronas del cine italiano como Anna Magnani; con la pasión y la rebeldía que impone para no ceder ante la muerte de su hijo.
Su descenso a los infiernos es más dramático y sufrido que el que realiza su marido de forma real, con escenas como la maldición en el cementerio o en el monte de los olivos de su viejo pueblo. Ella ama pero no perdona, dejándose autodestruir hasta el olvido.
En cambio, Matteo es el nuevo Dante. Un padre tan valiente y decidido que es capaz de pretender robar a la muerte a su único hijo, aunque tenga que renunciar a todo por él.
La comparsa de compañeros en esa aventura, desde la adorable Grace al anciano cura, te caen simpáticos al momento.
Y para no desvelar la trama de la novela, quiero señalar que el final es un canto al amor a la familia que nunca deberíamos olvidar.
Una novela magistral que recordaré siempre con cariño y que guardaré en un lugar de honor en mi estantería.
Verónica Butler
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